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Michoacán, zona caliente.

Fecha: 17 de enero de 2014 | Autor:

michoacan violencia2Las buenas noticias no vienen del bello estado de Michoacán, que durante los últimos dos lustros, y algo más, se ha visto muy afectado por la violencia e inseguridad generada por la presencia de grupos armados, identificados con el crimen organizado, unos, y otros, cuya ubicación no es tan clara, surgidos para defenderse de los primeros, o al menos, así lo afirman, al considerarse a sí mismos como grupos de autodefensa. El caso es que, con el enfrentamiento entre estos grupos, se ha desencadenado una ola de gran violencia.

Según el dicho, del que se considera como la cabeza de los grupos de autodefensa, el Dr. José Manuel Mireles, los conflictos en la región de tierra caliente, que abarca diez municipios en este estado, se remontan a finales del siglo pasado, aunque para estas fechas se han extendido a otras zonas de la entidad.

El Dr. Mireles explica el surgimiento de las autodefensas como una necesidad de la comunidad para combatir a Los Caballeros Templarios, con el único objetivo de proteger a la población, y por lo que toca al moderno armamento que portan, señala que es el que le han podido quitar a sus enemigos en los enfrentamientos sostenidos.

Y es que llaman la atención las armas de alto poder (AK47 y R15), que utilizan estos grupos, fusiles de asalto de uso exclusivo del ejército, que no están a la venta en cualquier armería ni al alcance de cualquier mortal, por lo que una explicación sobre su existencia, no está por demás.

Pero el problema está en que los buenos propósitos de las autodefensas implican actuar al margen de la ley, al pretender sustituir a la autoridad en sus funciones exclusivas. Y es que, con independencia de las fallas y omisiones en que puedan incurrir las autoridades municipales y estatales, no hay justificación para que la población rompa con el orden jurídico y pretenda hacerse justicia por su propia mano, asumiendo funciones policíacas y de juzgador.

La posibilidad de actuar armados como grupos de autodefensa, con todo y que supongamos que tengan un buen propósito, resulta delicado e inaceptable en un estado de derecho, de ahí el llamado del Secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, para que estos grupos regresen a sus lugares de origen, entreguen las armas y se reincorporen a sus actividades cotidianas.

La problemática michoacana es compleja y confusa. Por su ubicación geográfica, algunas regiones de este estado resultan muy atractivas y estratégicas para los cárteles del narcotráfico, que desde hace mucho tiempo han operado en la entidad.

En el pasado, tal vez, por estar concentrados en la producción y tráfico de la droga, la actividad de los cárteles afectaba poco a la población michoacana de manera directa, hasta que los enfrentamientos entre estos grupos delincuenciales alteraron su forma de actuar, agregando, a sus actividades ilícitas, extorsiones, secuestros, violaciones, cobros de piso y otros delitos más, en donde cualquier persona resultó un buen objetivo de estas bandas criminales, con lo que se detonó la inseguridad en el estado.

La historia de complicidades, asociaciones y traiciones propia del mundo del narcotráfico, es el antecedente de Los Caballeros Templarios, cuyos dirigentes, en el 2000, formaron un grupo denominado La Empresa, que se encargó de echar del estado al hoy inexistente cártel de Los Valencia. Ese grupo actuó, un tiempo, como socio del cártel del Golfo, de quien se separó para formar La Familia Michoacana en 2006, escisión que los enemistó con los Zetas, entonces brazo armado del cártel de Golfo, y con quienes sostuvieron sangrientos enfrentamientos por el control de la plaza.

A la muerte del líder de La Familia Michoacana, Nazario Moreno, alias el Chayo, lugartenientes de ésta organización integraron su propio grupo al que denominaron Los Caballeros Templarios, en 2010, que, con gran violencia enfrentó a la otrora poderosa Familia Michoacana, quitándole plazas

y negocios y agrediendo de todas las formas posibles a la población michoacana. Es, en esta etapa, en la que los propios grupos de autodefensa explican su surgimiento, para protegerse, afirman, de este grupo caracterizado por su agresividad y violencia.

A la fecha, el gobierno federal ha intervenido con el ejército y la policía federal en los principales focos rojos del estado. Acabar con las organizaciones criminales no está fácil, pues en muchos casos los protege la población. Se requiere de una actuación quirúrgica que permita identificar y separar los buenos de los malos, para empezar a desarmar ese tejido formado por una organización que ha sabido penetrar entre la población con una máscara de moralidad, altruismo y combate al mal, con tintes religiosos.

Pero también tendrán que convencer del desarme a los grupos de autodefensa, pues el riesgo de que estos le encuentren el gusto al poder y al dinero no es remoto, con lo que la historia volvería a repetirse, y de lo que se trata es de que la ley y el orden vuelvan a imperar en Michoacán.

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