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La línea dorada o el arte del deslinde

Fecha: 27 de marzo de 2014 | Autor:

linea12El pasado 11 de marzo, las autoridades del gobierno de la capital, anunciaron la suspensión del servicio del metro en 11 de las 20 estaciones de la línea 12, la llamada línea dorada, debido a fallas en la seguridad. En su momento, el director del Sistema de Transporte Colectivo (STC), Joel Ortega, expuso un alarmante panorama sobre las condiciones en que venía operando este transporte, lo que habría obligado a tomar tan drástica medida que afecta a cerca de 450 mil usuarios de este servicio.

En su comparecencia ante la Comisión Especial de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, constituida para investigar las fallas denunciadas, el responsable del metro no tuvo empacho en formular señalamientos que estarían poniendo en aprietos a constructores y funcionarios de la administración pasada del gobierno capitalino.

Los problemas en el sistema de vías podrían haber causado un descarrilamiento, por el desgaste ondulatorio en curvas y aparatos de cambio de vías, el desgaste en cerrojos y por fracturas de durmientes de concreto, entre otras fallas detectadas, denunciaría el funcionario. Y, a continuación, señalaría que la problemática en el sistema de vías era estructural, y que habría tenido su origen desde su etapa constructiva, antes de la inauguración de esta línea.

Recordemos que cuando se concluyó la línea dorada, el entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, había declarado que se trataba de la obra pública más importante de los últimos 30 años. Una mega obra que, desde luego, serviría a la población, pero también a los propósitos políticos de su promotor que, en su nuevo horizonte, preparaba su salida del gobierno capitalino con bombo y platillos, y con la mirada puesta en el 2018.

Así pues, la línea se inauguró al cuarto para las doce, el 30 de octubre de 2012. Esto es, 30 días antes de que concluyera la administración del presidente Felipe Calderón, invitado de honor por Marcelo Ebrard para este acto. La fecha no tendría nada de particular, de no ser porque la obra estaba inconclusa. Se dice que su entrega fue, a la medianoche, en “fast track”, cuando el Proyecto Metro del Distrito Federal (PMDF) aún se encontraba en proceso de verificación de las obras.

Desde entonces se supo que la puesta en marcha de esta línea se haría a pesar de que faltaban escaleras eléctricas, elevadores, torniquetes, expendedores de tarjetas, salidas de emergencias, entre otros pendientes. Más adelante nos enteraríamos de faltas mucho más graves. Pero estos detalles no significaron ningún obstáculo para que el Contraloría General del D.F. avalara la entrega de la obra, justificándola en “la necesidad de poner de manera inmediata en funcionamiento la línea 12 para satisfacer el interés público…”

Como respuesta a las acusaciones del director del STC, las constructoras negaron la existencia de problemas estructurales y, a su vez, alegaron que las fallas se debían a la falta de mantenimiento en que incurrieron las actuales autoridades del metro. Más aún, las acusaron de que, durante varios meses, les impidieron dar el mantenimiento que requería esta línea, lo que, de haberlo hecho, hubiera evitado la decisión de suspender el servicio.

Por su parte, el ex jefe de gobierno, se ha justificado declarando que uno de los consorcios internacionales más grandes del mundo, con sede en Alemania, certificó la puesta en operación de la línea, por lo que se dijo estar tranquilo, además de responsabilizar a los operadores actuales de cualquier anomalía.

Las acusaciones de una y otra parte se hacen un día sí y otro también, igual que los deslindes. Cada quien con sus argumentos se exculpa y atribuye a los otros la responsabilidad de las fallas. Siendo un tema tan técnico, resulta difícil saber quién tiene la razón, pero el hecho es que esta obra, inaugurada precipitadamente, con un costó de 24 mil millones de pesos, 34 por ciento más que la estimación original, cuyo director del proyecto fue cuestionado por existir un conflicto de intereses: su hermano ocupa un puesto directivo en una de las constructoras seleccionadas para realizar la obra, simplemente no funciona en su totalidad, y alguien debe tener la responsabilidad de esto.

Para colmo de males, y a tono con los tiempos y movimientos políticos, constructoras y ex funcionarios capitalinos ha denunciado que en realidad se trata de un problema con fondo político, para golpear al ex jefe de gobierno, y con este argumento se busca desviar  la atención sobre la gravedad del caso. Ciertamente, este escándalo ha surgido en el momento menos conveniente para los planes de Ebrard, que está buscando una plataforma que le permita su lanzamiento hacia el 2018.

Sus opciones, sin embargo, se van agotando. Sus posibilidades para presidir al PRD son nulas, así que tendría que buscar un cargo de elección popular en la próxima legislatura federal. Su problema está en qué partido lo cobijará y, por lo pronto, ni los chuchos, léase PRD, ni Miguel Ángel Mancera, parecerían estar dispuestos a apoyarlo. Le quedaría el partido de Dante Delgado, Movimiento Ciudadano, aunque con ese respaldo difícilmente llegaría a donde él desea. Así que parecería que, por el momento, el futuro político de Marcelo Ebrard es incierto.

 

Y mientras desciframos si en todo esto existe o no alguna perversa intención política en contra de Marcelo Ebrard, está la indignación y el malestar de quienes han resultado perjudicados por la suspensión de la línea dorada, además del reclamo porque se aplique la ley a quienes resulten responsables de las fallas en este servicio que puso en riesgo la seguridad de miles de sus usuarios. Porque lo más importante es evitar que la impunidad vuelva a hacer otra de las suyas. 

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