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Qué pasa con los panistas

Fecha: 18 de septiembre de 2014 | Autor:

panDe manteles largos debiera estar el Partido Acción Nacional por la celebración de sus 75 años de fundación este 16 de septiembre y, sin embargo, justo en tiempos de tan significativo aniversario los excesos de algunos de sus militantes, por llamarlos de alguna manera, le han ido sumando manchas al tigre panista en deterioro de su imagen y trayectoria.

Acción Nacional ha sido el partido de oposición de más larga vida en nuestro escenario político nacional. Serio, belicoso y  respetable le llevó muchos años, 50 para ser exactos, para entrar en las grandes ligas del poder al alcanzar su primera gubernatura, la del estado de Baja California en 1989. Tardaría otros 8 años más para que, junto con  otros partidos de oposición, le arrebataran al PRI, la mayoría en el Congreso, con lo que el equilibrio de fuerzas permitió una mayor competencia en la disputa por el poder. Y sólo tres años después, habría de dar el gran salto con el triunfo de su candidato presidencial, en el nacimiento del siglo XXl.

Pero después de gobernar durante 12 años al país, el partido blanquiazul, o más bien algunos de sus notables militantes parecieran haber perdido el rumbo y el decoro. Se entiende que la madre de todas las derrotas, que le significó la pérdida de la presidencia del país, no sea algo fácil de asimilar, pero a estas alturas se esperaría un poco de mayor madurez entre sus dirigentes, responsabilidad y honorabilidad en el desempeño de sus cargos y prudencia en sus expresiones. Además, de poner fin a los enfrentamientos internos, haciendo a un lado sus diferencias en bien de la unidad del partido, que es lo único que les permitirá volver a la competencia política. Al fin de cuentas, se trata de políticos profesionales o, al menos, eso supondríamos.

Pero resulta que desde hace un tiempo, los escándalos han sido la constante en este partido, en donde el fuego amigo no ha estado ausente y, quizás, esto sea lo que más ha lastimado al partido y profundizado sus heridas internas. Y es que, con motivo del proceso para la elección de la presidencia del partido, la guerra sucia se dio a placer. Y ésta, resulta muy efectiva, sobre todo cuando hay cooperación involuntaria a través de conductas poco recomendables, por decir lo menos.

El cobro de moches en las partidas presupuestales, que fue motivo de denuncia en contra del entonces coordinador de los diputados panistas, Luis Alberto Villarreal, no mereció ni siquiera una tentativa de investigación, por parte del dirigente del blanquiazul, Gustavo Madero, a quien tampoco le inquietaron las sospechosas ligas de ese personaje con los casinos. En cambio, el balconeo de una fiesta privada con damas de compañía, durante una plenaria del partido, grabado y difundido a través de la redes sociales, resultó de suficiente peso para, ahora sí, sancionarlo destituyéndolo de la coordinación legislativa de su bancada. Nada contra conductas posiblemente corruptas, pero sí contra lo que consideraron atentatorias a la moral panista.

En otro caso, un legislador de este partido acusó a su coordinador en el Senado, de ofrecerle dinero a cambio de su voto en apoyo a la reforma energética. Pero no se crea usted que la denuncia fue inmediata y por sentirse ofendido ante semejante propuesta. No, la molestia del legislador y su consecuente denuncia, fue porque lo removieron de un cargo en el senado. Queda la duda si, finalmente, la honorabilidad de este senador se impuso a la tentación del dinero, aunque con sólo conocer el sentido de su voto, saldríamos de dudas.

Hay por ahí otros casos de panistas folclóricos que en nada han contribuido a fortalecer la imagen de su partido. Un admirador confeso de Hitler postulado para dirigir el PAN en el estado de México; grupos de neonazis en Jalisco con ramificaciones en el estado de Chihuahua, y el más reciente, el del ex secretario de Desarrollo Social de la capital queretana, Carlos Treviño, enemigo del futbol, que lanza insultos racistas en contra de un jugador brasileño.

Hay otros, aunque no precisamente folclóricos, como un ex funcionario de la Sedesol en el sexenio calderonista, acusado por el gobierno norteamericano de encabezar una red de lavado de dinero para el cártel de Sinaloa, y como olvidar al célebre senador José María Martínez y su política antihomosexual y antiaborto, para no mencionar a un joven ex dirigente del partido a quien la suerte y otras circunstancias le permitieron adquirir un lujoso departamento en una de las zonas más exclusivas y caras de la capital del país, o el caso del gobernador sonorense que construyó una presa para servicio exclusivo de su rancho particular.

En fin, que el partido que durante mucho tiempo alegó la honestidad, honorabilidad y rectitud como sus líneas de conducta, y se encargó de señalar y denunciar los comportamientos desviados del PRI, y sus hombres, a sus 75 años le convendría mirar hacia su interior y cuestionarse qué es lo que está pasando en sus filas, pues lo que menos necesitan son actitudes y conductas reprobables y escandalosas de sus militantes destacados, que sin duda están afectando, y mucho, la imagen pública de su partido.

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