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Elecciones de mitad del sexenio

Fecha: 8 de enero de 2015 | Autor:

eleccionesBCInicia el 2015, al menos en sus primeros días, con muchas noticias que presagian un año, al menos movido, por llamarlo de alguna manera. Año de las elecciones intermedias del sexenio presidencial. Proceso electoral que habrá de tener un significado importante en cuanto al equilibrio de las fuerzas políticas que luchan por el poder, así como en el ánimo e interés que muestre la llamada sociedad civil a través de su participación en las urnas.

Las elecciones de mitad de sexenio, históricamente han tenido un menor impacto en el interés de los electores. Se entiende que al no estar en la justa la elección presidencial, la motivación ciudadana disminuye, además de que el despliegue y la difusión de las campañas electorales son menores. Habría que señalar, sin embargo, que ahora habrá concurrencia de elecciones en nueve entidades federativas en las que se elegirán gobernador, diputados federales, diputados locales y alcaldes, por lo que pudiera ser que este incentivo adicional motive un mayor interés, al menos, entre los electores de estos estados. La verdad es que sobre esto, resulta difícil hacer cualquier pronóstico.

Lo que sí podemos señalar, es lo que ha sucedido en el pasado, en las intermedias de hace seis, doce y dieciocho años. En esos tres procesos electorales, el partido en el poder en el momento, habría acusado un desgaste en su popularidad, que lo llevó a ver reducido el número de sus diputados federales en el Congreso. En efecto, tanto el PRI, que gobernaba en 1997, como el PAN que lo ejercía en 2003 y 2009, sufrieron un descalabro electoral respecto de las curules obtenidas, tres años atrás, en la elección de inicio de la legislatura.

De los tres casos, llama la atención la elección de 2009, por los votos obtenidos por el revolucionario institucional, pues en los otros casos el partido que quedó en segundo lugar en la elección logró siempre una recuperación, pero moderada. Y es que en aquel año, mientras que Acción Nacional perdía 64 posiciones en la Cámara de Diputados sobre las 206 obtenidas en 2006, el tricolor sumaba 139 curules más a su causa para llegar a 242. Una recuperación notable, porque habría que mencionar que, para este partido, la elección presidencial de 2006 había sido un verdadero desastre, al grado de haberlos lanzado hasta un tercer lugar en el escenario político nacional. Para el PRD, los comicios de 2009 tampoco fueron algo para recordar, pues de 127 curules logradas en 2006, para 2009 se habían quedado sólo con la mitad. 

La experiencia histórica de casi las últimas dos décadas, a partir de que la apertura democrática equilibró la competencia electoral muestra que el ejercicio de gobierno para el partido en el poder tiene un costo que se refleja en un menor apoyo en las urnas, con la consecuente reducción de diputados en la Cámara. De ahí que las reformas legislativas que, de cualquier manera resultan difíciles de sacar en estos tiempos en los que ningún partido cuenta con mayoría en el Congreso, resultan casi imposibles de concretar en el segundo tercio de la administración presidencial, y los riesgos de caer en una parálisis legislativa son elevados.

A lo anterior habría que agregar otro factor que incide en la dificultad para lograr acuerdos en la segunda mitad del sexenio y es el futurismo que prevalece de manera permanente en nuestro medio político, sin importar los tiempos. En el caso del gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, al menos las principales reformas estructurales ya han sido aprobadas.

Y en miras a la preparación de la jornada electoral del próximo 7 de junio, se empiezan a dar ya movimientos en las estructuras de gobierno federal, estatal y municipal, de partidos políticos y de las propias cámaras. Solicitudes de licencia de funcionarios que aspiran a un cargo de elección popular, lo que permitirá ajustes en la conformación de los equipos. Cambios de camiseta también, de quienes abandonan las filas de un partido político para irse a cobijar bajo los colores de otra organización.

Bueno, hasta sorpresas, como el caso de algunos funcionarios que, al manifestar su intención de brincar a otros puestos, la justicia les ha caído encima por ser sospechosos de andar en malos pasos y tener peores mañas. Lo lamentable es que hasta ahora se les descubran sus ligas con el crimen organizado, casi al término de su gestión, y no antes, como es el caso del alcalde perredista de Soledad de Graciano Sánchez, municipio de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, a quien le cayó el chahuistle cuando expresó su deseo de contender para la gubernatura del estado. Este personaje, quizás habría pasado desapercibido, lejos de la justicia si se hubiera conformado hasta donde había llegado. Otro caso similar al del enjuiciado alcalde de Iguala, José Luis Abarca.

 

Bueno,  si al menos estos destapes sirven para descubrir a los malos funcionarios y echarles el guante, bienvenidos los tiempos electorales.

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