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¿Y la responsabilidad política?

Fecha: 13 de febrero de 2015 | Autor:

marceloLa obra, cuyo proyecto presentara, con bombo y platillo,  el entonces Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, el 8 de agosto de 2007, con el nombre de Línea 12, Línea Dorada del Bicentenario, y que se publicitara como la obra cumbre de su gobierno,  resultó un auténtico desastre. Es lo menos que se podría decir de un proyecto que, a 16 meses de inaugurado, tuvo que suspender su operación en 11 de sus 20 estaciones, por “fallas sistemáticas”, según la versión oficial dada por las autoridades del Sistema de Transporte Colectivo.

Contemplada, por su magnitud, para ser incorporada entre las obras con las que se celebrarían los doscientos años de nuestra independencia y cien del movimiento social de 1910, primera revolución social del siglo XX, la línea dorada resultó tan oscura, polémica y cuestionada como la tristemente célebre Estela de Luz, la obra del gobierno del Presidente Felipe Calderón con la que se pretendió, fallidamente, honrar la conmemoración del bicentenario del inicio de nuestro movimiento de independencia. Una insignificante torre, en tamaño, que no en costo, que ahora se pierde entre tres monumentales edificios.

Dicen que lo que mal empieza, termina mal, y en el caso de esta línea del metro, los problemas comenzaron a aflorar desde el trazado de su  ruta, que tuvo que ajustarse, además de la labor de convencimiento que tuvo que realizarse con vecinos inconformes por las obras, y las conciliaciones con grupos de ecologistas que alegaban afectaciones al medio ambiente. En fin, una interminable serie de contingencias propias de una ciudad sobre poblada como lo es nuestra capital. Seguramente a esto obedeció, al menos en parte, el que la obra hubiera tenido un retraso considerable en su entrega y que su costo se hubiera  elevado, de manera notable.

Pero con todo y su elevado costo y el retraso en la entrega, el resultado es que la obra, al poco tiempo de operar, se colapsó, y alguien debe responder por esto. Y no cabe el alegato de que las fallas detectadas no ameritaban la suspensión del servicio, que se exageró la gravedad de las mismas, o que se manipuló la información, pues los dictámenes de firmas consultoras extranjeras han señalado más problemas que el desgaste ondulatorio de los rieles, denunciado como la principal falla.

El tema es delicado, porque no hay manera de explicar la suspensión de este servicio sin que existan responsables, directos e indirectos, por las fallas, errores, omisiones, o lo que queramos suponer que dieron al traste con esta obra.

No estamos hablando de una inversión cualquiera. Se trata de una obra cuyo costo original se calculó en 17 mil 500 millones de pesos, pero que acabó costando 9 mil millones de pesos más. Esto es, más del 50 por ciento de su costo original, además de haber sido entregada con un retraso de casi un año. Lo anterior, sin considerar los mil 588 millones de dólares, calculados a un sobre precio en el tipo de cambio de 16.27pesos por dólar, por el contrato de prestación de servicios de los trenes, lo que acabó elevando el presupuesto total de la línea dorada a más de 50 mil millones de pesos. Por arriba del costo calculado para el suspendido tren rápido a Querétaro.

Lamentablemente, el tema se ha tratado de politizar para distraer el enfoque del problema y convertirlo en una simple rencilla política entre grupos antagónicos. Así, el ex Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, en quien tendría que recaer la responsabilidad del fracaso de esta obra, dada su calidad de principal promotor de la misma y máxima autoridad del gobierno que la ordenó, se defiende alegando que todo esto se trata de un complot orquestado para empañar su imagen y frustrar su proyecto político personal.

 

Vaya habilidad de D. Marcelo, para tratar de evadir una responsabilidad que, al menos políticamente no se puede quitar, pues al fin de cuentas, a él se le eligió para gobernar y administrar esta ciudad, y así como sus colaboradores le tendrían que rendir cuentas, él las tendría que rendir a la población que lo eligió. Y eso no es ningún ardid ni complot para perjudicarlo. Pero su estrategia está encaminada a victimizarse para buscar cobijo en alguno de los partidos de izquierda a través de una diputación, con lo que acabaría blindado, gracias al fuero legislativo, poniéndole punto final a este molesto tema de las responsabilidades. 

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