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¿Madruguete?

Fecha: 16 de abril de 2015 | Autor:

elecciones presiA pesar de que apenas han transcurrido poco más de 29 meses de los 72 que comprende el período presidencial en nuestro sistema de gobierno sexenal, se puede apreciar cierto acelere en algunos que comen ansias por adelantar tiempos. Cada quien a su estilo, y bajo el diseño de una estrategia que, al mismo tiempo que destaque su desempeño en su responsabilidad presente, les permita una proyección futura, los suspirantes comienzan ya a levantar la mano, aunque ni siquiera sea de madrugada.

Los tiempos y las formas han cambiado mucho. De “el que se mueve no sale en la foto”, hemos pasado a “el que no se mueve, se sale de la foto.” Al menos, así sucedió en los tres últimos casos de la sucesión presidencial. En estos, quienes finalmente ganaron la presidencia, fueron los que, antes de los tiempos oficiales, se perfilaron como candidatos indiscutibles para ser postulados por sus partidos políticos. Quizás, no tanto en el caso de Felipe Calderón, pero en los de Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, sin duda.

Pero, ¿qué es lo que hace que un personaje sea señalado posible aspirante al más alto cargo público, sobre muchísimos que seguramente también estarían pretendiendo ocuparlo? Sobre todo, cuando por estrategia, esta aspiración se mantiene en el más absoluto secreto. Podríamos decir que hay quienes surgen como candidatos naturales por la circunstancia en la que se encuentran. Cuestiones de coyuntura que crean un ambiente propicio para su lanzamiento. Otros, en cambio, son los que la trabajan, aunque a partir de cierto momento, todos lo hagan.   

Cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó la Jefatura del Distrito Federal automáticamente se convirtió en el aspirante presidencial indiscutible de su partido. El ingeniero, con su anti carismático carisma, logró algo histórico al sumar a la mayoría de las fuerzas de izquierda a un partido nuevo, convirtiéndose en la figura central de esa tendencia, sin ningún personaje que le disputara su preeminencia y, sin que, abiertamente, él llevara a cabo actos específicos tendientes a su postulación. Su nominación, podríamos decir, se dio de manera natural.

Pero hay otros casos en los que las candidaturas han sido consecuencia de un trabajo audaz y tesonero, brincándose las trancas, hasta materialmente imponerse a sus propios partidos, como fue el caso de Vicente Fox. Sin ser éste un miembro destacado de su partido, y con una corta y cuestionable militancia en el PAN, le bastó llegar a la gubernatura de Guanajuato para, de ahí, proyectarse como el único aspirante opositor que podría sacar al PRI de Los Pinos. Y en busca de este objetivo, hizo a un lado formas, reglas, tiempos y a otros aspirantes, que se vieron imposibilitados para detener su carrera triunfal.

Felipe Calderón aprendió pronto la lección, y al estilo de su antecesor, también rompió con las formas tradicionales y los tiempos acostumbrados para el destape, o sea, la manifestación pública de su intención de contender por la candidatura presidencial de su partido. También la trabajó con anticipación, aunque en su caso, su carrera política, sus antecedentes partidistas y su larga militancia en el blanquiazul, permitieron ver con simpatía su aspiración que avaló su partido, sobre otros personajes con menos méritos.

La candidatura de Enrique Peña Nieto fue también resultado de un trabajo hábil, intenso y sigiloso, que le permitió sumar apoyos suficientes, dentro y fuera de su partido, hasta consolidar su posición como único aspirante de unidad con posibilidades reales para recuperar la silla presidencial para el tricolor.

Eso sí, en todos los casos hay una regla que se respetó y fue el derecho del aspirante a decidir cómo y cuándo haría pública su aspiración. Y es que, un destape no autorizado, puede abortar todo el proyecto.

Con estos antecedentes, aunque ahora con mayor anticipación, algunos personajes se han dado vuelo para hablar de la sucesión de 2018. Hace unos días, el líder del PRD, Carlos Navarrete, señaló al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, como un seguro precandidato natural de su partido, añadiendo, seguramente tras una necesaria reflexión, que para junio próximo daría otros nombres de posibles precandidatos del Sol Azteca.

Suponemos que entre el pleito que el PRD trae con Morena y su líder moral, Andrés Manuel López Obrador, y la preocupación de perder posiciones frente a este partido, Navarrete anda nervioso y se le hizo fácil buscar cobijo en el Gobierno del D. F. con un destape fuera de lugar y de tiempo, que seguramente no habrá sido muy del agrado de Miguel Mancera.

Con este anuncio, Navarrete le dio una buena oportunidad al ex Jefe de Gobierno, para darle un raspón al gobernante capitalino, a costa de su ex partido. “Si Mancera quiere irse como candidato a un partido corrupto como el PRD, está en su derecho,” declaró. Y es que, como el tabasqueño ya se auto postuló, públicamente, como precandidato presidencial de Morena, aprovechará cualquier coyuntura para descalificar a quien considere que le pueda disputar el apoyo de las izquierdas y, ciertamente, Mancera puede resultarle un obstáculo para su proyecto. Un verdadero dolor de cabeza, pues sabe bien la catapulta de lanzamiento que puede ser la jefatura de gobierno de la capital del país. Además de que, sin la menor duda, hoy por hoy, Miguel Mancera es la mejor ficha del partido del Sol Azteca.

Pero como en política no hay coincidencias, y conociendo como se las gastan en el partido del Sol Azteca, queda la duda si el líder perredista fue perverso o bisoño, al hacer este destape.

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