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Una elección estratégica

Fecha: 18 de octubre de 2016 | Autor:

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Está claro que la definición de la candidatura para gobernador, en el caso del Estado de México, que es, sin duda, la joya de la corona de los procesos electorales de 2017, es un tema que ocupa y preocupa a los dirigentes de los partidos PRI, PAN, PRD y Morena Y no es para menos, pues resulta que esa entidad posee el mayor padrón electoral del país, con más de 11 millones de electores en su lista nominal, que constituye casi el 13 por ciento del listado nacional.

Pero además del factor, no menor, del número de votantes, hay otros elementos por los que los comicios en este estado constituyen un muy especial reto político. El Estado de México es uno de los pocos reductos priistas en el que la alternancia todavía no se ha dado, además de tratarse de la tierra natal del Presidente Enrique Peña Nieto. Por lo mismo, para los partidos de oposición, ganar esta elección representa bastante más que una simple victoria electoral. Sería, al arrebatarle al partido en el poder esta emblemática entidad, quizás la alternancia más significativa, a nivel estatal, además del impacto que causaría, semejante derrota priista, en la percepción popular, a año y medio de la elección presidencial.

El tricolor necesita ganar estos comicios y sólo podrá lograrlo con la postulación de un buen candidato. En este sentido, deberá realizar un profundo análisis de quienes han manifestado su interés en participar en este proceso y también buscar entre los que no han levantado la mano todavía, porque más allá de los afectos, parentescos, amistades, compromisos o recomendaciones, este partido está urgido de escoger al que tenga las mejores calificaciones en cuanto a experiencia política, trayectoria laboral, popularidad y honestidad. Un candidato competitivo, pues.

Hace seis años, para el proceso electoral en este estado, el fiel de la balanza priista se decidió por quien aparecía como el mejor candidato que, por cierto, no era precisamente el de las preferencias del equipo compacto que trabajaba ya en el proyecto político rumbo a Los Pinos. Como parte de este proyecto, se consideraba muy importante retener la gubernatura mexiquense bajo los colores del PRI, porque un descalabro significaba una mala carta de presentación para quien aspiraba a la candidatura presidencial. El resultado fue exitoso, en todos sentidos. La gubernatura se ganó y la elección presidencial, también.

Ahora, varios de los que en aquella ocasión se quedaron en la antesala mexiquense han refrendado su interés en participar en el proceso para elegir gobernador. Algunos de manera abierta y otros, a la antigüita, de manera  subrepticia. Y si bien, son varios los que aspiran, no son muchos los que reúnen las condiciones de competitividad. Se mencionan a la secretaria de Educación, Ana Lilia Herrera; al secretario de Gobierno, José Manzur; al líder del tricolor en el estado, Carlos Iriarte; al Procurador del Consumidor, Ernesto Nemer; al secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete y al diputado federal, Alfredo del Mazo. En la lista, algunos incluyen también al ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray.  

El Presidente Peña Nieto tendrá que repetir el ejercicio del proceso anterior y buscar entre los aspirantes al más competitivo, al que tenga las mejores medallas para vencer a sus contrincantes. Y es que, así como hace seis años el entonces gobernador Peña Nieto estaba obligado a ganar esta elección, como escalón necesario para facilitar su ascenso al siguiente peldaño en su proyecto político,  ahora requiere, quizás con mayor urgencia, ganar la elección de su estado para llegar con buenos números a la elección presidencial y tener más posibilidades de que su partido pueda mantenerse en el poder.

En la acera de enfrente están pendientes los partidos de oposición, esperando a que el tricolor de luces sobre quien será su abanderado. La posibilidad de una alianza entre el PAN y el PRD no está descartada. De hecho, la suma de estas dos fuerzas políticas casi les garantizaría un triunfo electoral, pues ambas cuentan con buen posicionamiento y simpatías en diferentes regiones del estado.

El problema está en quien propone al candidato y a quién le toca sumarse, porque los dos partidos tienen buenos aspirantes. Sin embargo, el fuego amigo y las vanidades han detenido pláticas y propuestas, además de que al interior de sus organizaciones hay quienes se oponen tajantemente a cualquier alianza, a pesar de que saben que por separado les va resultar difícil vencer al candidato del revolucionario institucional. Con todo y que la experiencia de sus alianzas en la elección de junio pasado, tuvo buenos resultados.

De lograr la alianza y ganar esta elección, avanzarían mucho en su carrera hacia Los Pinos, pero, paradójicamente, esto mismo los metería en un conflicto, pues no veo a estos dos partidos participando en alianza en 2018 y, hasta ahí terminaría el encanto. Quizás por esto, siguen deshojando la margarita. Porque si en la elección mexiquense hay dificultades para acordar quién propondría al candidato, es de imaginar el escenario en la presidencial. Y es que, ¿usted cree que alguno de estos dos partidos estaría dispuesto a compartir el poder?

En el caso de Morena, está claro que el candidato será el que decida su líder fundador, Andrés Manuel López Obrador. Su participación en este proceso, más que aspirar al triunfo electoral, para el que no se le ven muchas posibilidades, es para fortalecer su posicionamiento con miras al 2018. Hay una muy buena cantera de electores que les interesa sumar.

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