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Precampañas o juegos de ficción

Fecha: 10 de noviembre de 2017 | Autor: Indice Corporativo

Por Miguel Tirado Rasso

Dice la sabiduría popular que no hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza, ni deuda que no se pague. De la tercera, no estaría tan seguro. Suena más como un buen deseo, una aspiración, que quedaría en el ámbito de la eventualidad; pero, en el caso de las dos primeras estaríamos de acuerdo en su fatalidad. Y es que, el tema político que acapara la mayor atención, hoy en día, es la carrera presidencial hacia Los Pinos y, consecuentemente, el destape de los candidatos que, finalmente, habrá de ocurrir ya, en poco menos de 5 semanas. En efecto, antes del 15 de diciembre, que es la fecha en que la autoridad electoral abre el período para las precampañas electorales, deberán estar ya los nombres de los y las aspirantes a la primera magistratura, porque, como el tiempo apremia, los partidos o coaliciones contendientes querrán utilizar todo momento para promover a sus postulantes, y aprovechar el período de precampaña, las prerrogativas y los tiempos en radio y televisión a que tienen derecho por determinación de ley.

Pero para como están las cosas, en la competencia de esta contienda electoral, resulta difícil imaginar que en la etapa de precampaña los partidos vayan a desgastar a sus aspirantes estrellas en una lucha interna por la postulación final, aunque para ese específico propósito se haya diseñado el período de precampañas.

La experiencia muestra que, siendo más democrático y políticamente más correcto, el que la definición de candidatos a cargos de elección popular se resuelva como resultado de una competencia entre dos finalistas, también queda claro que en esas contiendas internas, el ganador no sale indemne, por lo que regularmente llega a la gran final con lesiones y vulnerabilidades que ni sus contrincantes externos habrían detectado. Un desgaste gratuito, pues, del que regularmente se benefician sus competidores y, como dijo el clásico, ¡qué necesidad! En estricto sentido, nos queda claro que, con independencia de los independientes que alcancen su registro de candidatos, si es que alguno logra cumplir con los requisitos equiparables a los mitológicos trabajos de Hércules que les impuso la ley, en la próxima elección presidencial habrá, al menos tres candidatos postulados por partidos políticos en los que, salvo alguna sorpresa, se concentrará la competencia electoral por la presidencia de la República.

Por lo pronto, uno, el de Morena se auto destapó desde hace muchos años, por lo que la etapa de precampaña solo le significará una extensión más de los tiempos de campaña abierta que ha venido desarrollando, a ciencia y paciencia de la autoridad, incapaz de aplicarle la ley que sanciona los actos anticipados de campaña. Porque resulta inimaginable que haya algún mortal en Morena que se inscriba para disputarle a Andrés Manuel López Obrador la candidatura, salvo que, para cubrir las formas, alguien se preste como patiño para justificar los actos de precampaña. Lo dudo mucho, porque el tabasqueño se maneja en la impunidad y no necesita de esas simulaciones.

Y siendo que el personaje mejor posicionado en las encuestas, no se verá afectado de ninguna manera por una contienda interna, porque su palabra es la ley, a los otros partidos contendientes, PRI y socios y PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, aliados en el Frente Ciudadano por México, o cada uno por su lado, si el proyecto se malogra, los deja en una difícil posición. ¿Alguno de ellos estará dispuesto a arriesgar a sus aspirantes en una desgastante competencia interna para sacar a un candidato debilitado, solo para mostrar su perfil democrático? Lo veo difícil.

Supongo que todos, buscarán la manera de aprovechar los tiempos de precampaña y, en última instancia podrían acudir al expediente de sacrificar a un emergente que sirva de sparring, para cubrir las apariencias. El Frente tiene suficientes problemas para encontrar el método de selección de su candidato sin que se ponga en riesgo la unidad de la coalición y, consecuentemente, el proyecto político en sí mismo. Poner a dos o tres precandidatos a competir por la candidatura presidencial del Frente, en una contienda real, no augura un buen fin. Quien triunfe, llegaría a la campaña con múltiples negativos exhibidos por su(s) contrincante(s) que capitalizarían los otros candidatos. En el caso del partido en el poder, tampoco lo vemos probable ni conveniente. En estos momentos, los momios no favorecen al tricolor, por lo que mandar a sus precandidatos a una lucha interna no le facilitaría las cosas, cuando lo que necesita es definir, proteger y fortalecer a su candidato; promover una candidatura sólida, sin ambigüedades que distraigan o confundan. Quién quiera que sea. Pero, por otro lado, le urge aprovechar los tiempos de precampaña. Así que, o se suma a quienes han estado en campaña extra oficialmente y se le tolera como a los otros o la dirigencia priista le abre las puertas a un aspirante en busca de cinco minutos de fama, a sabiendas de que no tiene ninguna oportunidad.

Pero quizás lo anterior no sea necesario y el INE vea las cosas con pragmatismo y determine la posibilidad de que los tiempos de precampaña sean aprovechados por todos los partidos o coaliciones participantes en los mismos términos. Esto es, con precandidatos o candidatos definidos. Mejor esto que los juegos de ficción.

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