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El tapadismo y sus versiones

Fecha: 17 de noviembre de 2017 | Autor: Indice Corporativo

Por Miguel Tirado Rasso

La fatalidad en las fechas que impone la ley para las diversas etapas del proceso electoral de 2018, ha reducido el margen de maniobra para quienes juegan con los tiempos para retrasar al máximo la definición de los precandidatos a la primera magistratura del país.

Comentábamos, la semana pasada, que, el próximo 15 de diciembre inicia el período de las precampañas, lo que significa la primera aportación millonaria de recursos económicos que, conforme a la ley, deberá entregarse a los partidos políticos que registren precandidatos, además de otras prestaciones como son una riquísima batería de spots en radio y televisión para su promoción.

Conociendo como se las gastan los partidos políticos, es de suponer que buscarán aprovechar todas estas prerrogativas, por lo que tendrán que hacer sus destapes antes la fecha señalada, o sea, en los próximos 28 días, para poderlas reclamar.

Y es que, la etapa de precampaña contempla dos muy valiosos meses (del 15 de diciembre 2017 al 11 de febrero 2018), para promocionar y posicionar a quienes habrán de pasar a las finales. O sea, al período de campaña que arrancará el 30 de marzo para concluir el 27 de junio.

Por lo pronto, pareciera que en el PRI se sigue la estrategia pokeriana de cómo veo doy. Esto es, esperar su definición hasta que los del Frente resuelvan el enigma de la postulación de su abanderado, sin fracturarse en el intento. Pero como aquellos también juegan a agotar hasta el último minuto para mostrar sus cartas, aunque por razones muy distintas, en el tricolor ya no podrán esperar demasiado, por lo que podría ser que para principios del mes de diciembre, ocurra el destape de su candidato presidencial. Y ¿el método para la definición de su candidato? Pues será el tradicional. El de las palabras mayores. El que históricamente le ha funcionado al PRI, hasta los tiempos del presidente Carlos Salinas, pues aun cuando su candidato original, Luis Donaldo Colosio, fue asesinado, su sucesor, Ernesto Zedillo, habría recibido también el beneplácito del Tlatoani.

Es la fórmula que tanto molesta a quienes apuestan a que las candidaturas a cargos de elección se resuelvan por el voto popular, como aspiración democrática, aunque nuestra realidad actual insista en que las precandidaturas o candidaturas estén definidas por el índice presidencial o impuestas por la auto postulación de quienes han fundado una organización política para esos efectos o han logrado controlar los hilos del poder de su partido para inclinar la balanza en su beneficio.

Y si el tapadismo priista es poco recomendable, porque, según sus críticos, supone el sometimiento de los aspirantes a una disciplina cortesana, aunque de hecho los nombres de los tapados se mencionan a diario y ellos circulan en pasarelas a lo largo y ancho del país, las fórmulas de los otros partidos tampoco resultan un ejemplo de juego democrático.

En el caso del Frente Ciudadano, resultaría una sorpresa si Ricardo Anaya, presidente del PAN, no fuera el candidato de la alianza. El queretano que, por otro lado, se ha negado rabiosamente a reconocer su aspiración presidencial, en un alarde del tapadismo más clásico, fue el motor de esta coalición para darle respiración artificial a dos partidos que, por sí solos, estarían fuera de la carrera presidencial, pero que juntos se volverían muy competitivos.

En su calidad de dirigente del partido con mayor peso político y mejor posicionamiento, Anaya estaría alegando el derecho de su partido a proponer al candidato presidencial, y como tiene el control sobre el consejo de notables panistas que opinan para la designación del candidato, no tendría mucho problema para lograr su postulación. Claro está, que esto podría provocar la fractura del Frente, en cuyo caso, el ex joven maravilla, de cualquier manera sería el candidato, aunque entonces solo del Partido Acción Nacional.

El otro caso, que ya hemos señalado con anterioridad, el de Morena, tampoco podríamos tomarlo como prototipo del ideal democrático. Aquí, el candidato eterno fundó un partido a su imagen y semejanza con el único objetivo de que le sirviera de plataforma de lanzamiento para su tercer intento por llegar a Los Pinos. Y en esto, tampoco hubo opciones para los militantes morenistas, que desde el origen supieron que su fundador sería el candidato por aclamación. Este es el escenario en el que se desenvuelve, actualmente, el proceso electoral para la presidencia del país, con dedazos propios o ajenos, por parte de los actores protagónicos y de reparto. Y, es que, como dice la clásica, aquí nos tocó vivir.

 

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