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Temas Centrales – Los riesgos de la percepción

Fecha: 6 de abril de 2018 | Autor: Indice Corporativo

Por Miguel Tirado Rasso

Con una cómoda ventaja de ya sabes quién, la etapa de campañas electorales arrancó el fin de semana pasado, en la que los cuatro candidatos presidenciales podrán, finalmente, solicitar expresamente el voto ciudadano, lo que supuestamente tenían prohibido hacer en las dos etapas anteriores, la pre campaña y la inter campaña, por una ocurrencia del legislador para “abaratar el proceso y propiciar suelo parejo para los contendientes”. Propósitos fallidos, los dos, por cierto.

Según todas las encuestas publicadas, el candidato de la alianza, Juntos haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, aparece encabezando las preferencias por arriba de los 30 puntos. El segundo lugar se lo disputan José Antonio Meade, de la alianza Todos por México y Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, sin quedar muy claro quién está arriba. En algo, sin embargo, no hay duda, mientras que el panista perdió puntos en la inter campaña, Meade aumentó un poco.

Son 90 días de campaña que, para algunos (Meade y Anaya) pasarán muy rápido, pero para el puntero parecerán eternos, porque se trata de mantener el paso y no equivocarse. Y es que la estrategia de los seguidores estará enfocada a golpear al delantero y capitalizar sus errores. La fase de pelear por el segundo puesto concluyó sin definición clara para ninguno de los dos, y como el tiempo corre, no pueden continuar enfrentándose entre sí, por el desgaste que les significa, además de que quedó claro que esa lucha favoreció al tabasqueño. Así que, en adelante, éste será el objetivo de sus baterías.

Al candidato de Morena le ha resultado sumamente valiosa la experiencia de dos candidaturas fallidas y de más de 15 años de campaña ininterrumpida, lo que le permitió recorrer el país varias veces con el discurso permanente de un candidato presidencial al que la mafia del poder, con lo que identifica a todos los que no están con él, le cometió fraude, dos veces, una vez el PAN y otra vez el PRI, para impedirle ocupar la silla presidencial. Y esto, que afirma reiteradamente, pero que nunca pudo probar, ahora le está rindiendo frutos, aumentando las opiniones favorables de quienes le han comprado su verdad.

Este candidato se ha mantenido arriba en las encuestas, pero habría que aclarar que, desde antes del inicio formal del proceso electoral, por allá de mediados del año pasado, cuando todo era especulación sobre los posibles pre candidatos presidenciales del PRI y los juegos de sombras del entonces presidente del PAN, los estudios de opinión, jugaban con nombres para determinar quiénes eran los más conocidos. En este tema, por supuesto que el de Morena no tenía contrario y aparecía en primer lugar, no en balde sus tres lustros de exposición. Y esto ayudó a una percepción de puntero en preferencias, desde el arranque, cuando en realidad se refería a conocimiento, confusión que nadie se preocupó por aclarar.

Las percepciones tienen su peso en el ambiente electoral, porque influyen en las decisiones sin racionalizar y ahora, por el resultado de las encuestas, existe una percepción ganadora hacia López Obrador, que este candidato maneja en su discurso diario como tendencia irreversible y aprovecha actuando como si ya hubiera ganado la elección. Así, nombra y presenta a su gabinete, decide la cancelación del nuevo aeropuerto de la capital, designa al negociador del TLC y envuelve a dirigentes empresariales con compromisos que, como candidato, no le alcanzan.

Lo más delicado es que, después de aparecer encabezando las encuestas durante lo que va del proceso, y con el discurso de los supuestos fraudes del pasado en su bolsa, en caso de cambiar las tendencias, algo muy posible, pues las campañas, las propuestas y los debates pueden hacer la diferencia, no va a ser fácil que lo acepte. Y, al revés de lo que dijo en la Convención Bancaria, primero soltará al tigre y luego alegará fraude, con el discurso del complot de la mafia del poder en su contra, alegando encuestas “cuchareadas”, descalificando las que no le favorezcan.

Y es que además, su hándicap en esta competencia pueden ser los planteamientos que ha hecho en diversos foros que, con el ánimo de reinventar la historia del país, parecen más bien ocurrencias.

Volver a modelos económicos exitosos de hace más de 50 años, cuando el país tenía 43 millones de habitantes; cancelar reformas estructurales como la educativa y la energética, pagar salarios, becas y apoyos económicos al por mayor; además de frivolidades como irse a vivir al Palacio Nacional, proyecto del que parece haber desistido; convertir Los Pinos en un espacio cultural; prescindir de la seguridad del Estado Mayor Presidencial, porque “el que lucha por la justicia no tiene nada que temer”; reducir el sueldo del Jefe del Ejecutivo a la mitad; vender el avión presidencial, porque viajará en líneas comerciales, y otras más por el estilo, harán reconsiderar a muchos la decisión de su voto .

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