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Fecha: 13 de abril de 2018 | Autor: Indice Corporativo

Por Miguel Tirado Rasso

La relación con los Estados Unidos de América (EUA) no ha sido fácil ni suave. La asimetría entre las dos naciones y el carácter imperialista de nuestro vecino, no ha permitido que la inevitable vecindad nos haya convertido en amigos, aliados y socios sin condiciones, a pesar de la afinidad y la interactividad que existe entre los pueblos de ambos países.

Pero no obstante los sinsabores de la relación, habría que reconocer que, un hábil manejo diplomático, ya histórico, ha hecho posible lograr el desarrollo del país a pesar de este vecino, acostumbrado a entrometerse en los asuntos ajenos. Pienso que la política exterior, que ha caracterizado a nuestra nación, y la vecindad misma con el gigante del norte, nos han blindado contra nuevos amagos intervencionistas, al menos, en la era moderna, en los campos militar y de la política interna.

Y vaya que nos ha tocado una gran variedad de mandatarios estadounidenses de estilos y características muy diversas, en tiempos de guerra, mundial y fría, y de paz, aunque de los sepulcros. Militares, actores, políticos y empresarios; demócratas y republicanos. Todos, ciertamente, con ánimos proteccionistas. Unos más agresivos y otros no tanto, pero siempre buscando el mayor provecho para su beneficio, a costa de los demás, acorde a un principio atribuido al presidente Woodrow Wilson: los EUA no tienen amigos, sólo intereses. Por lo que, sobre advertencia no hay engaño.

Pero por difícil y complejas que hayan sido nuestras relaciones en el pasado, nada comparable con lo que nos ha tocado vivir en estos últimos 14 meses. Bueno a nosotros y también a nuestros vecinos allende el Bravo, porque la incertidumbre, confusión y perplejidad que genera el gobierno de su presidente, Donald Trump, es motivo de preocupación, aquí, allá y en todos lados.

El magnate inmobiliario metido a político, descubrió demasiado tarde para sus gobernados, políticos que lo apoyaron y el resto del mundo, que las tareas de gobierno tienen un alto grado de dificultad: “No pensé que gobernar los EUA fuera tan difícil”, señaló en una reflexión sobre sus primeros cien días al frente de la Casa Blanca. Y, bueno, el ejercicio errático de su administración y la rotación de personal más próximo a su círculo de gobierno, son una clara muestra de su desubicación, ignorancia e incapacidad para dirigir a la primera potencia mundial.

Su pobre desempeño se queda corto del propósito de su mensaje de campaña, que con tanto orgullo repite:“Vamos a hacer grande a América, otra vez” (slogan, por cierto, utilizado por Ronald Reagan en 1980). Y es que, lejos de fortalecer la posición de su país en el concierto de naciones, lo que ha logrado es enfrentarlo con otras potencias, romper alianzas estratégicas y alejarlo prácticamente de todos.

En sus 14 meses de gobierno, una treintena de funcionarios, de su equipo cercano y de su gabinete, han sido destituidos o han renunciado. Y muy significativo resulta el hecho de que han sido más los renunciantes, en proporción de tres a uno, sobre los despedidos. Algo andará mal en la Casa Blanca que provoca semejante fuga de colaboradores.

Con nuestro país, el neoyorkino ha sido particularmente provocador. La última asechanza, fue su amenaza cumplida, aunque no con el respaldo de todos los gobernadores fronterizos que él esperaba, de enviar a la guardia nacional para “resguardar su frontera”. Una acción poco amigable, que mereció una respuesta inteligente, directa y firme del Presidente Enrique Peña Nieto, para la que el mandatario norteamericano, contra su estilo fajador, no dijo ni pío, en sus acostumbrados twitters, a los que es tan adicto.

En las relaciones diplomáticas, conviene ser inteligentes, cautelosos y prudentes. Las balandronadas hay que dejárselas a quién carece de talento. Hay que ser hábiles, certeros y oportunos en la reacción, porque no se trata de medir fuerzas. Está claro que, el titular de la Casa Blanca, busca con desesperación jugadas de distracción ante su errático gobierno y los escándalos que no lo dejan en paz.

Su frustración, ante la imposibilidad de dar cumplimiento a sus promesas de campaña, como la del muro, que ni lo va a pagar nuestro país ni lo va a poder construir, lo llevan a ocurrencias como la de militarizar la frontera. Pero acciones como éstas, y otras más que crean tensión entre aliados, enfrían relaciones y provocan respuestas que lo ponen en evidencia, harán pensar mucho a los políticos republicanos, antes de apostar a un nuevo proyecto político con este personaje.

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