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AMLO recibirá como herencia modelo de bajo crecimiento

Fecha: 10 de agosto de 2018 | Autor:

El principal reto económico de la próxima administración será romper el círculo vicioso provocado por un modelo basado en el estancamiento estabilizador de ajuste fiscal restrictivo, que ha provocado el sacrificio de la inversión pública y privada.

Para superar el desafío y lograr un mayor crecimiento económico y de desarrollo social, se deberán aplicar nuevos esquemas de política económica con un énfasis especial en el incremento de la productividad, tanto la laboral, como la del capital. De otra forma, la inercia del modelo actual terminará por limitar su alcance.

Para explicar este tema, el Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico A.C. (IDIC), dirigido por el Dr. José Luis de la Cruz Gallegos, presenta el reporte 2018-2024, la Herencia (I): Un Modelo de Bajo Crecimiento Económico, que explica cómo el bajo patrón de inversión, impide que en México se renueve infraestructura y capital humano a la velocidad que requiere la competencia global; ya que en conjunto, la evolución de la inversión muestra una de las mayores contradicciones del modelo económico mexicano: El PIB creció 2.5% durante los últimos 25 años, la formación bruta de capital fijo lo hizo en 3.0%.

Y muestra que sin inversión no hay crecimiento, prácticamente todos los modelos de crecimiento económico tienen como uno de sus pilares a la acumulación de capital, es decir a la inversión en construcción y en maquinaria y equipo. La causa fundamental es la falta de inversión, las reformas estructurales aplicadas desde los años ochenta no han logrado generar un cambio en la dinámica de inversión.

En México tampoco se ha logrado establecer un entorno favorable tanto para elevar la acumulación de maquinaria y equipo, como para impulsar fuertemente a la construcción. Un efecto directo es el bajo progreso tecnológico y la innovación que se realiza en el país. Una consecuencia adicional de una baja inversión es la dependencia que ello propicia, esencialmente en innovación y progreso tecnológico.  La mayor parte de la tecnología avanzada se trae del exterior, existe poca inversión en la parte nacional.

Otra contradicción: se instrumentó un discurso político de apertura y competitividad sin hacer cambios de fondo a la regulación y exceso de trámites a los que se somete a quienes desean abrir un negocio. En 2017 subsistían 130 mil distintos trámites en los tres niveles de gobierno. La apertura económica y competitividad solamente fueron aplicados al sector privado, la gestión pública siguió trabajando con los parámetros corporativos de las décadas de los 70´s y 80´s en donde la democracia electoral que se comenzó a vivir desde 1988 no sirvió para garantizar una profesionalización de la administración pública.

De acuerdo al ranking de competitividad 2017-2018 del Foro Económico Mundial (WEF), México se ubicó en el lugar 51, el mismo sitio del año previo.

La corrupción, el crimen, la ineficiencia de la burocracia, el nivel de los impuestos y su regulación representan los cinco “factores más problemáticos” para hacer negocios.

En infraestructura, México se ubica en el lugar 62 del mundo. Muy lejos del 15 que le corresponde por el tamaño de su PIB. La razón es la falta de inversión.

¿Cómo crecer cuando las instituciones públicas están marcadas por la debilidad?

· En ética y corrupción México se encuentra ubicado en el lugar 128.

· En confianza pública en los políticos en la posición 127.

· En pagos irregulares y sobornos el 105.

· Lugar 129 en favoritismo de los funcionarios de gobierno.

· Plaza 121 en eficiencia del gasto de gobierno.

· 130 en seguridad.

México implementó un cambio estructural de apertura y liberalización económica con el que se obligó al sector privado nacional a competir contra empresas trasnacionales poderosas y que cuentan con el apoyo de sus gobiernos, sin contar con una transformación del sector público mexicano: los parámetros de este último siguen siendo los de África o las naciones más pobres del mundo.

El proceso de ajuste fiscal instrumentado a lo largo de las últimas tres décadas erró en su estrategia, y con ello afectó los pilares del desarrollo económico y social de México. En lugar de incrementar los ingresos públicos en función del crecimiento económico y de una operación más eficaz y equitativa del sistema tributario, se recurrió a recortes y adecuaciones al gasto público, especialmente el destinado a la infraestructura, ciencia y tecnología. Evidentemente, la estrategia falló. Los resultados alcanzados en términos de productividad, competitividad, crecimiento económico y de bienestar social califican muy mal al modelo de finanzas públicas y de crecimiento económico aplicado.

La razón principal de afectar la inversión radica en que en el corto y mediano plazo su manejo tiene escasas consecuencias políticas.

Así, el reto de la siguiente administración será revertir este comportamiento, algo que solo logrará aplicando nuevos esquemas de política económica, ya que el actual modelo ya ha mostrado sus límites.

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