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No hay medidas de mitigación

Fecha: 9 de abril de 2020 | Autor:

Los pronósticos desalientan ante un terrible escenario que, inevitable, está heredando la pandemia del coronavirus en la economía del mundo. A la crisis de salud generada por este virus novedoso, de rápido y fácil contagio y contra el que todavía no se desarrolla una vacuna eficaz para combatirlo, habrá que sumar el impacto en la economía de prácticamente todas las naciones del planeta, por las medidas de prevención que han tenido que aplicar y que han significado un paro generalizado en la vida económica y social de los pueblos del orbe.

El mundo se enfrenta “a una crisis nunca antes vista en la historia”, es la percepción de la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, quien, en conferencia de prensa conjunta con el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Adhanom Ghebreyesus, expondría su decisión a utilizar el billón de dólares con que cuenta la reserva de emergencia para préstamos de la institución, para enfrentar la crisis. “La OMS está aquí para proteger la salud de la gente (y) el FMI para proteger el estado de la economía mundial…y sólo unidos podemos conseguirlo,” afirmaría en su exposición.

En esta crítica situación los más afectados, a consideración del FMI, serán los países en desarrollo y emergentes, de los que ya han salido importantes capitales en estos meses, según afirma su directora. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en un informe elaborado sobre los efectos económicos y sociales de la pandemia Covid-19 en América Latina, señala que esta región enfrenta el fenómeno desde una posición más débil que el resto del planeta, con 7 años de lento crecimiento, pobreza extrema y el peor desempeño en inversiones. Si el cálculo de crecimiento de la región, antes de la pandemia, era de 1.3 por ciento, ahora tendrá un PIB de entre menos 1.8 y hasta menos 4.0 por ciento, se menciona en el documento.

Por lo que se refiere a nuestro país, según estima la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, la recesión “implicará una contracción de la economía de entre menos 3.8 hasta menos 6.0 por ciento para este año”, porque las condiciones para el país y el mundo han cambiado, apunta. De acuerdo con la funcionaria lo importante es cómo apoyar no sólo a las pequeñas y medianas empresas, sino también a los trabajadores formales e informales. Los apoyos deberán aplicarse en dos direcciones, considera la funcionaria, a las empresas para que no desaparezcan y otro directo a los trabajadores, que puede ser a través de un ingreso de emergencia, algo que ya se está intentando en otros países.

En las proyecciones de los organismos internacionales, no hay excepciones. Por las características del sistema económico y la globalización que vivimos, ningún país puede considerarse libre de la afectación económica, que en algunos casos será más grave que en otros, dependiendo de las medidas de mitigación y de la oportunidad con que se apliquen. En el caso de México, sin incurrir en un pesimismo dramático, la realidad nos indica que, de no tomar medidas profundas y oportunas, el pronóstico no es nada alentador. Nos gustaría compartir el optimismo oficial, pero no se ve cómo podremos enfrentar una recesión inevitable que está cambiando las condiciones de la economía mundial, sin hacer ajustes y modificaciones a una política económica y un programa de desarrollo, pensados y diseñados en y para circunstancias muy distintas a las actuales.

Las noticias prenden los focos de alerta. En el mes de marzo, salieron más de 6 mil millones de dólares, de inversiones de extranjeros, según fuentes del Banco de México. De acuerdo a una investigación del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), la crisis sanitaria podría impactar en México con la pérdida de 1.7 millones de empleos en el ramo turístico; el pasado lunes, el dólar rebasó la barrera de los 25 pesos, con lo que nuestro peso se convierte en la moneda más devaluada de las economías emergentes; el precio mundial del petróleo se recupera, aunque muy poco, y la cotización del crudo mexicano sigue muy por debajo, menos de la mitad, del precio calculado por el Congreso.

Lo que en otras circunstancias resultaba un aliciente, la entrada en vigor del T-MEC, ahora resultaría inoportuno, por el cierre de plantas y la interrupción en las cadenas de producción que nos pondrían en serios aprietos para cumplir con las estrictas reglas de origen; 35 de las empresas y bancos más importantes del país han resentido pérdidas, en su valor de mercado, por 1 billón 118 mil millones de pesos; Bank of América, prevé una reducción del 8 por ciento en el PIB de México, por el impacto de la contracción en la economía estadounidense (que se calcula en 6.6 por ciento), lo que supera el 7 por ciento estimado por J.P. Morgan.

En este escenario, las medidas anunciadas por el Presidente, Andrés Manuel López Obrador, el domingo pasado, para enfrentar el impacto de la pandemia en la economía del país, dejaron que desear. El tema es que, en esta globalización, en el exterior están observando tibieza o falta de interés en apoyar la inversión privada, eso, además de otras señales, como la reciente cancelación de la construcción de la planta cervecera Constellation Brands, con una inversión de 1,500 millones de dólares, por el voto de sólo 28 mil personas de un padrón de 796 mil (3.5%), seguramente ahuyentará capitales extranjeros. Algo inconcebible en tiempos de escasez de inversiones.

¿Qué esperar? Un cambio de actitud.

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