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Relevos institucionales

Fecha: 21 de agosto de 2014 | Autor:

camara dip3Concluidos los pendientes legislativos que incluían la aprobación de las reformas a las leyes reglamentarias en materia de telecomunicaciones y energía, los diputados y senadores se preparan para el próximo período ordinario de sesiones que arrancará el primero de septiembre próximo, y en el que, el ambiente electoral de junio del año que entra, estará presente en los trabajos legislativos, por lo que es de esperar un período de más grilla que productividad.

Antes, los legisladores tendrán que resolver los cambios en las  presidencias de las mesas directivas de las cámaras de Diputados y de Senadores, tema delicado que requiere de negociaciones y acuerdos, tanto entre las fuerzas políticas mayoritarias, como al interior de las mismas.

De acuerdo a lo dispuesto en la Ley Orgánica del Congreso, en el segundo y tercer año de ejercicio de la Legislatura, la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, deberá recaer, “en orden decreciente, en un integrante de los dos grupos parlamentarios con mayor número de diputados, que no la hayan ejercido.“

El período que inicia dentro de diez días, es el tercero y último de la actual Legislatura, y ya ocuparon la Presidencia, el PRI, en el primer año y el PAN, en el segundo, por lo que ahora le toca presidirla al PRD. En eso están, sólo que las divisiones internas en este partido, no ayudan para alcanzar consensos en la designación de su candidato, y el asunto está atorado.

Hay una diputada que levantó la mano, Aleida Alavez, pero no parece convencer mucho. Sus antecedentes, que incluyen haber encabezado la toma de tribuna, en protesta contra la reforma energética, no le ayudan. Otro aspirante, quizás el mejor prospecto perredista, Silvano Aureoles, quiere la presidencia, pero por un ratito, pues pretende utilizarla de plataforma de lanzamiento para su candidatura al gobierno de Michoacán. En ese caso, sólo estaría al frente de la Mesa Directiva  un período de sesiones, lo que le resta seriedad al cargo. Hay otros aspirantes, Fernando Zárate, por ejemplo, que están bajo evaluación de su partido.

En el Senado, aunque no existe una reglamentación para alternar la presidencia de la Mesa Directiva, hay una especie de acuerdo de caballeros para que opere esta regla. El caso es que, como ya la presidieron el PAN, en el primer año, y el PRI, en el segundo, ahora le correspondería al PRD, sólo que por otra regla no escrita no se acepta que un mismo partido presida las dos cámaras, en el mismo año.

Así que, aunque están muy puestos los senadores del Sol Azteca para ocupar la mesa Directiva, en particular el coordinador de su bancada, Miguel Barbosa, los problemas internos en este partido para acordar la designación, y el hecho de que las otras dos fuerzas mayoritarias, PRI y PAN, no se ven dispuestas a aceptar que el PRD presida las dos cámaras en el último año de esta legislatura, es probable que el partido del Sol Azteca se tenga que conformar con la de la Cámara de Diputados, si es que finalmente, en ésta, se logran poner de acuerdo.

Si se da esta hipótesis, el turno en el Senado le corresponderá, una vez más al PAN. Por lo pronto, en el blanquiazul varios senadores se frotan ya las manos, como es el caso de Roberto Gil y Héctor Larios. Habrá que esperar a ver que dice su líder, Gustavo Madero, al que no parece entusiasmarle mucho el primero de los mencionados.

Y hablando de sucesiones, también, en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), llegó el tiempo para la renovación de su presidencia, aunque también la reelección es procedente. Su actual titular, Raúl Plascencia, busca reelegirse en el cargo que concluye el próximo 15 de noviembre. Corresponderá al Senado  tomar la decisión y nombrar a un nuevo ombudsman o bien, ratificar al actual, para un segundo período. Aquí, la moneda está en el aire.  

Pero también en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se aproximan tiempos de cambio, toda vez que, en su primera sesión de enero del año próximo, los ministros del máximo tribunal deberán elegir, de entre ellos, al nuevo presidente del tribunal, al concluir el período de cuatro años de su actual presidente.

Como por disposición de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, el presidente saliente no puede reelegirse, el cargo tendrá que definirse entre uno de los diez ministros restantes. Interesante y difícil sucesión, dado el prestigio, trayectoria y alta calificación de todos los posibles candidatos.

Creo que para resolver una sucesión tan competida, habría que tomar en cuenta algunas reglas no escritas. Por ejemplo, la postulación de ministros próximos al retiro, en menos de cuatro años, podría ser cuestionable, ante la imposibilidad de poder cumplir con el cargo durante el período completo. Asimismo, se podría pensar en que los ministros de recién ingreso, al tener más futuro que pasado, siempre tendrían otras oportunidades más adelante, por lo que podrían abstenerse en esta ocasión. Con esto, se descartarían cuatro ministros.

Hay otros ministros, de no tan reciente ingreso, pero con suficiente tiempo para otra oportunidad después de esta elección, que bien podrían esperar. En esta situación están tres magistrados. Además, en  ocasiones anteriores, el elegido ha sido el ministro más próximo a su retiro y, en estas condiciones están los tres ministros restantes, dos hombres y una mujer, para quienes esta elección representa su última oportunidad de presidir el máximo tribunal de justicia, antes de su retiro.

Tres personajes, de los cuales dos han desarrollado toda su vida profesional en el Poder Judicial, ocupando prácticamente todos los puestos, desde los más modestos hasta el más elevado en la Corte. Si se aceptara que este factor tuviera algún peso adicional para tomar una decisión, tendríamos a los dos finalistas: los ministros Margarita Luna Ramos y José Ramón Cossio. Los dos, brillantes abogados, de intachable trayectoria, sólida formación profesional y éticamente irreprochables.

Nuestro máximo tribunal de justicia celebrará su bicentenario en 2015. En todo este tiempo, sólo diez mujeres han ocupado el cargo de ministro, y ninguna lo ha presidido. Para que una mujer, sea elegida presidente, si no es en esta ocasión, tendrán que pasar varios años, porque las dos únicas ministros mujeres concluirán su gestión en 2015 y en 2019, y habrá que esperar, primero a que otras abogadas sean propuestas para el cargo de ministro y, segundo, que cumplan un mínimo de antigüedad en el puesto para su posible postulación. Esto es, no antes del 2022 o 2026, la Corte podría tener la primera presidente en sus más de 200 años de historia.

Así que, habrá que meditar muy bien, y no descartar el factor de la equidad de género que permita a nuestra Suprema Corte hacer justicia y entrar de lleno y bien al siglo XXl.

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