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Guerrero negro

Fecha: 16 de octubre de 2014 | Autor:

normalistas igualaA tres semanas de los lamentables y trágicos acontecimientos de Iguala, en el bravo estado de Guerrero, las cosas se complican, la indignación y el enojo van en aumento, el deslinde de responsabilidades de las autoridades locales ofende, la politización oportunista del caso enturbia, aún más, el panorama, además del efecto negativo que todo esto ha provocado en la imagen de nuestro país a nivel mundial.

En Guerrero, llueve sobre mojado. A la misteriosa e inexplicable desaparición, el pasado 26 de septiembre, de los 43 estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa, de la que aparecen como responsables las autoridades municipales de Iguala, hay que lamentar otra torpe y descuidada actuación de la policía ministerial, ahora de la de Chilpancingo.

En efecto, el domingo pasado estas fuerzas públicas atacaron una camioneta en la que viajaban estudiantes del Tecnológico de Monterrey, al confundirlos, según el dicho de las autoridades, con delincuentes. De esta confusión, resultó herido uno de los pasajeros que, por fortuna, se encuentra fuera de peligro. Este nuevo incidente, refuerza la percepción de que, en Guerrero, como en otras entidades del país, las policías locales son improvisadas y carecen de la más elemental capacitación.

Los hechos en Iguala, dieron lugar a que, el fin de semana  pasado, el Departamento de Estado norteamericano renovara las alertas a sus nacionales respecto de sus viajes a nuestro país. En su alerta, señalan que el estado de Guerrero fue el más violento en 2013 y, aprovechando esta mala reputación, recomiendan evitar algunas zonas de varios estados de la República como Michoacán, Jalisco,  Tamaulipas, Estado de México, entre otros. Esto, en adición al negativo mensaje que envían las notas rojas que le han dado la vuelta al mundo.

Decíamos que lo deslindes del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, ofenden, porque además de su tardía y lenta reacción a los acontecimientos de Iguala, ahora resulta, según su propia afirmación, que él ya había advertido al Gobierno Federal, sobre los problemas de complicidad entre delincuentes y autoridades en varios municipios de su entidad. Problemas para los cuales, según su propia confesión, su gobierno, era incapaz de poner orden, así que, cómodamente, con el aviso le endosaba la responsabilidad de enfrentar este problema a la Federación.

Habría que preguntarle al gobernador guerrerense cuál es su concepto del ejercicio de gobierno, y si el respeto a la ley, la aplicación de justicia y dar seguridad a los habitantes de su estado, no son algunas de las responsabilidades fundamentales de un gobernante. Cómo es posible que conociendo los casos de infiltración de la delincuencia organizada en las policías municipales, no hubiera hecho nada al respecto y sí, en cambio, haya avalado la autoridad de esos alcaldes de negro historial, con su presencia y acompañamiento en diversos actos públicos.

El gobernador Aguirre, en su afán de sobrevivir a este escándalo, incurrió en un exceso demagógico al proponer “una consulta nacional,” que le encomendaría organizar al Instituto Nacional Electoral, para determinar sobre su permanencia o no en el cargo. Esta  balandronada habría de provocar varias reacciones. La primera, precipitada y sin medir consecuencias, de parte del flamante presidente del PRD, Carlos Navarrete, respaldándola sin más, en un intento por ayudar a su correligionario de ocasión, pero cambiándola a la figura de referéndum y delimitándola al ámbito estatal. Además de responsabilizar al Gobierno Federal, también, de todos los males que padece este estado

Otra reacción, que no se hizo esperar, estuvo a cargo de la autoridad electoral, que de inmediato declararía su incompetencia para llevar a cabo semejante ocurrencia, por carecer de facultades y atribuciones. Y, finalmente, la de no pocas voces opuestas a que, mediante una salida fácil y demagógica, Ángel Aguirre Rivero quedara liberado de dar cuenta de su responsabilidad política frente a todo este desastre guerrerense.

Total, que ahora resulta que el verdadero responsable de los problemas del estado de Guerrero y, en particular, de los del municipio de Iguala, ambos bajo gobiernos perredistas, es el Gobierno Federal. Y es que, según reiteradas declaraciones del gobernador del estado y del líder de la corriente Izquierda Democrática Nacional, René Bejarano, ellos habían informado al Gobierno Federal, sobre la infiltración de la delincuencia organizada en los gobiernos municipales, así como de supuestos actos delictuosos y malas compañías del alcalde fugado de Iguala, y presunto responsable de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, sin haber recibido respuesta,

 

Según esto, habiendo cumplido con informar, que no denunciar, la autoridad estatal habría quedado relevada de responsabilidad de actuar en contra de los malos servidores públicos. Vaya manera de justificar su omisión, negligencia e irresponsabilidad.

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