Autor: Francisco Demesa
Cada vez que hablamos de Inteligencia Artificial aparece casi inevitablemente la misma pregunta: ¿qué trabajos va a sustituir?
A mí me interesa más otra: ¿qué capacidades humanas nos puede ayudar a multiplicar?
En Natura vivimos una paradoja interesante. Estamos acelerando de manera importante el uso de datos y de Inteligencia Artificial, pero al mismo tiempo nuestro negocio sigue dependiendo de algo profundamente humano: las relaciones.
Tenemos millones de consultoras y consultores en América Latina que todos los días construyen relaciones de confianza con sus clientes. Y creo que ahí está una de las grandes oportunidades que tenemos: utilizar la tecnología no para sustituir esas relaciones, sino para hacerlas más relevantes, productivas y valiosas.
Por supuesto, para llegar ahí primero hay que hacer mucho trabajo que casi nadie ve.
En los últimos años Natura ha avanzado en integrar y ordenar enormes cantidades de información, fortalecer la gobernanza y seguridad de nuestros datos y desarrollar mejores capacidades para utilizarlos en la toma de decisiones.
Hoy contamos con alrededor de 360 terabytes de información integrada. Algo que me parece particularmente ilustrativo es nuestro Integrated Profit & Loss (iP&L), con el que medimos nuestro impacto en cuatro tipos de capital: financiero, ambiental, social y humano. Un proceso que antes podía tomar alrededor de dos meses hoy puede realizarse en tres días.
Eso habla de eficiencia, sin duda. Pero para mí lo verdaderamente interesante empieza cuando esa capacidad llega a las personas.
En Brasil, por ejemplo, desarrollamos MAIA, un hub de agentes de Inteligencia Artificial que acompaña a nuestra red de consultoras y consultores. A través de lenguaje natural pueden acceder a información y soporte de ventas, consultar pedidos, procesar pagos o gestionar temas relacionados con crédito.
Y cuando veo lo que estamos aprendiendo ahí, inevitablemente pienso en México.
Tenemos una enorme oportunidad de llevar cada vez más estas capacidades a nuestra red. Imaginen lo que significa poner mejores datos, recomendaciones y herramientas de Inteligencia Artificial en manos de cientos de miles de emprendedores para ayudarlos a conocer mejor a sus clientes, tomar mejores decisiones y construir negocios más productivos y prósperos.
Para mí, ésa es una de las posibilidades más interesantes de la tecnología: democratizar capacidades que hace pocos años estaban reservadas para grandes organizaciones.
Pero hay otra dimensión de la Inteligencia Artificial que recientemente pude conocer mucho más de cerca.
Hace unos días tuve la oportunidad de estar en la Amazonía y ver de primera mano parte del trabajo que Natura lleva décadas construyendo ahí. Fue una experiencia que me hizo entender todavía mejor que innovación, biodiversidad y desarrollo económico no tienen por qué estar en lados opuestos.
Un ejemplo es Amazônia 5.0, una plataforma que integra ciencia, tecnología, escalamiento productivo y soluciones de capital. Utilizamos drones, Inteligencia Artificial y bioinformática para realizar inventarios forestales y mapear grandes extensiones del territorio. Tan sólo en 2025 se monitorearon 60 mil hectáreas.
Pero el dato por sí solo dice poco.
Lo importante es lo que podemos hacer con esa información: conocer mejor la biodiversidad, avanzar en la búsqueda de nuevos bioingredientes, mejorar la trazabilidad de nuestras cadenas y seguir construyendo un modelo en el que la selva tenga mucho más valor en pie que destruida.
Y aquí también pienso mucho en México.
Somos uno de los países con mayor biodiversidad del mundo, con una enorme riqueza de conocimientos tradicionales y comunidades que durante generaciones han convivido con nuestros ecosistemas. ¿Qué podríamos construir si combináramos ese conocimiento con ciencia, tecnología e Inteligencia Artificial?
Creo que hay una oportunidad enorme para México de desarrollar modelos de bioeconomía que generen innovación y, al mismo tiempo, prosperidad para las comunidades y regeneración de nuestros ecosistemas.
Eso me entusiasma particularmente porque cambia la conversación sobre Inteligencia Artificial.
Deja de ser solamente una herramienta para hacer las cosas más rápido o reducir costos. Puede convertirse también en una herramienta para generar valor económico, social y ambiental.
Y creo que ahí tenemos que ser muy cuidadosos como líderes.
La tecnología nos permitirá procesar cantidades de información que hace algunos años parecían inimaginables. Nos ayudará a anticiparnos, personalizar, automatizar y tomar mejores decisiones.
Pero tener más información no necesariamente significa tener mejor criterio.
Seguiremos necesitando curiosidad para hacer las preguntas correctas. Empatía para entender a las personas detrás de los datos. Y responsabilidad para decidir qué hacemos con toda esa capacidad.
Por eso no creo que el gran dilema sea escoger entre tecnología y humanidad.
Creo que el reto es utilizar toda la capacidad que nos da la tecnología para ser todavía más humanos.
En Natura queremos usar la Inteligencia Artificial para potenciar a nuestra gente, fortalecer nuestras relaciones y encontrar nuevas formas de generar prosperidad compartida.
La tecnología va a seguir avanzando, y seguramente mucho más rápido de lo que imaginamos. Nuestra responsabilidad es asegurarnos de que también nos ayude a avanzar como personas y como sociedad.
