Édgar Amador Zamora entendió que la deuda no se administra cuando llega el momento de pagarla, sino mucho antes. Desde la Secretaría de Hacienda, su estrategia ha consistido en intervenir en los plazos, las tasas y la moneda de las obligaciones para evitar que una sacudida del mercado se convierta en una presión inmediata sobre las finanzas públicas. La lógica ha sido anticiparse.
Hacienda refinanció obligaciones, extendió vencimientos y favoreció el financiamiento en pesos y a tasa fija. Con ello redujo la necesidad de renegociar grandes montos en periodos cortos y limitó la exposición del gobierno de México a movimientos abruptos del tipo de cambio y de las tasas de interés.
Los resultados del primer semestre comenzaron a mostrar el efecto de esas decisiones. El costo financiero fue 111 mil millones de pesos menor a lo programado y disminuyó 4.8 por ciento en términos reales frente al mismo periodo de 2025. La deuda amplia se ubicó en 51 por ciento del PIB, 1.6 puntos porcentuales por debajo de lo previsto.
El entorno también ayudó. La apreciación del peso redujo el valor, en moneda nacional, de parte de la deuda contratada en divisas, y las menores tasas disminuyeron el costo de algunas obligaciones. Atribuir todo el resultado a Amador sería exagerado. Pero también lo sería explicarlo únicamente como un golpe de suerte.
Las condiciones favorables solo se convierten en margen fiscal cuando la estructura de la deuda permite aprovecharlas. Amador preparó ese terreno al privilegiar obligaciones en pesos, asegurar tasas y distribuir los vencimientos para evitar que los riesgos se concentraran en un mismo momento.
Es decir, no ha apostado por una sola decisión espectacular, sino por ajustar varias piezas del engranaje fiscal al mismo tiempo: recaudar más sin elevar impuestos, contener el gasto de manera diferenciada y administrar los pasivos antes de que se conviertan en una urgencia.
En el caso de la deuda, el resultado tuvo un efecto directo sobre los balances. Los 111 mil millones de pesos que no se destinaron al costo financiero originalmente previsto redujeron la presión sobre el déficit y evitaron que el pago de intereses absorbiera una proporción mayor del presupuesto.
Esto no significa que la deuda haya dejado de ser un desafío. Una depreciación del peso, un repunte de las tasas o un menor crecimiento económico podrían revertir parte de la mejoría. La trayectoria seguirá dependiendo de que Hacienda reduzca el déficit y conserve la disciplina fiscal en los próximos ejercicios. Desde luego, el comportamiento del peso y de las tasas también ha jugado a su favor.
La ruta del dinero
Las tragamonedas ilegales terminaron por exhibir una vieja confusión del mercado mexicano: no todo lo que parece entretenimiento forma parte de la industria del juego. La diferencia no es menor. Mientras el Gabinete de Seguridad, encabezado por Omar García Harfuch, aseguró 3 mil 500 “maquinitas” vinculadas con grupos criminales en el Estado de México, la AIEJA, que preside Miguel Ángel Ochoa, respaldó los operativos y pidió algo igual de importante: distinguir el negocio regulado del clandestino. La industria formal opera 423 casinos, con más de 100 mil máquinas autorizadas y cerca de 80 plataformas legales. El verdadero problema está fuera de ese ecosistema.
