Un negocio que comienza a ganar terreno es el de los servicios financieros para profesionistas que trabajan de manera remota con empresas de Estados Unidos.
El reto para ese nuevo nicho no solo está en conseguir contratos en dólares, sino en evitar que una parte del dinero se quede en el camino por comisiones y conversiones cambiarias.
Se estima que un profesionista que factura en dólares puede perder entre 3 y 8 por ciento de cada pago antes que los recursos lleguen a su cuenta debido a la participación de bancos corresponsales, conversiones automáticas y otras comisiones asociadas con las transferencias internacionales.
En ese mercado gana terreno Morse, que apuesta por ofrecer a profesionistas latinoamericanos una cuenta propia en dólares con acceso a la red ACH de Estados Unidos, lo que reduce intermediarios para que sea el propio usuario quien decida cuándo convertir sus recursos y cómo administrarlos.
La oportunidad no parece menor. México se ha convertido en uno de los principales exportadores de talento a partir del crecimiento del trabajo remoto y el nearshoring, aunque buena parte de esos profesionistas todavía utiliza herramientas financieras diseñadas para economías locales.
Y bueno, la competencia que viene para bancos y Fintech también estará en ese segmento. El trabajo se volvió global antes que los servicios financieros, y firmas como Morse buscan aprovechar esa brecha con productos pensados para una generación que puede trabajar desde México, cobrar en dólares, y administrar sus ingresos sin depender de tantos intermediarios.
La ruta del dinero
Querían proyectar fuerza. Terminaron exhibiendo debilidad: Tatiana Clouthier, Andrés Mijes y Judith Díaz llegaron por caminos distintos al proceso interno de Morena en Nuevo León y terminaron sentados en la misma mesa. Mijes luego de una larga trayectoria en el PRI y tras seis años desde Escobedo construyó una opción propia, pero nunca se pudo desprender de su pasado. Judith Díaz, con historia panista, pasó seis años vinculada a Bienestar durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Tuvo territorio y contacto con la base social de la 4T, pero tampoco despegó como alternativa competitiva. El caso de Tatiana Clouthier es quizá el caso más paradigmático. También proveniente del blanquiazul llegó con nombre y exposición nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum esperó meses su incorporación al gobierno y le abrió un espacio con los mexicanos en el exterior, justo cuando Estados Unidos adquiría relevancia extraordinaria. Pasó sin pena ni gloria, y de ahí brincó a buscar Nuevo León. Tampoco terminó de conectar con la base morenista. Tres historias distintas terminaron sin convencer. Hace unas semanas esos aspirantes habían aceptado las reglas y la encuesta como método de definición. Después comenzaron a circular versiones que dos de ellos podrían quedar fuera y Alejandro Murat volvió a convocarlos. Los tres decidieron no acudir, organizaron su propia reunión y publicaron una fotografía que buscaba proyectar fuerza. Ocurrió lo contrario.
En Quintana Roo más allá de la promoción turística, que funciona, hay márgenes para la competitividad. La gobernadora Mara Lezama conoce el tema. Uno de ellos es la infraestructura hidráulica de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA) en Cozumel, también el combate el sargazo. Ambos son prioridades para el cierre de la administración estatal.
