El 22 de septiembre un joven de 19 años que se hacía llamar en las redes sociales Lex Ashton y formaba parte de la comunidad denominada célibes involuntarios ‘incels’, acudió a su escuela en un plantel del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) con la intención de cometer un ataque homicida contra al menos seis compañeros y suicidarse después.
Con este objetivo en mente, arrebató la vida a un estudiante de 16 años llamado Jesús Israel, hirió a un trabajador que intervino en el ataque y se lanzó de un tercer piso, fracturándose ambas piernas.
Este acontecimiento que nos cimbra como sociedad, nos obliga a cuestionarnos sobre qué está pasando con nuestros jóvenes y qué estamos haciendo como padres, tutores, docentes, gobiernos, iniciativa privada y organizaciones civiles, para constituirnos como una sociedad que les cuide y proteja.
Los incels es un movimiento global de comunidades en línea que reúnen a hombres que se describen con dificultades para entablar una relación sentimental con mujeres a pesar de querer estar en una relación, por lo que promueven una ideología de masculinidad cargada de violencia hacia ellas, en donde las culpan de lo que consideran su fracaso sexual o romántico. En los últimos años, el movimiento se ha radicalizado. Algunos jóvenes que forman parte de él han pasado de la violencia verbal (misógina y hacia otros hombres que no tienen problemas en relacionarse) de los foros a perpetrar actos de violencia de todo tipo, siendo la más extrema los asesinatos múltiples que se cometieron en California y Toronto, en 2014 y 2018, respectivamente.
Ante el protagonismo que ha tenido este fenómeno, los gobiernos de algunos países han abordado el problema como un tema de salud mental y están construyendo soluciones que involucran no sólo a las instituciones gubernamentales sino también a otros sectores y actores clave en su interacción con jóvenes y adolescentes.
El tratamiento del problema como uno de salud mental o como uno de crímenes de odio, ha condicionado el diseño de las soluciones gubernamentales creadas para atenderlo. Reino Unido considera que los jóvenes incels son vulnerables de ser atraídos por ideologías extremistas, por lo que son parte de la población objetivo del programa gubernamental “Prevent” (que busca evitar que personas vulnerables se conviertan en terroristas) y son atendidos por la estrategia preventiva del programa denominada “Contest” que contempla una atención integral (educación, salud, especialistas en salud mental, mentores) de los jóvenes con necesidades emocionales a través de una red de agencias y de autoridades múltiples.
Así, el movimiento incel ha abierto el debate público. Si bien inicialmente generó una estigmatización sobre los jóvenes que pertenecen al movimiento cuando estableció una conexión entre la violencia, la salud mental y las amenazas extremistas, el debate público ha tenido la virtud de centrar el interés en discusiones más amplias sobre la salud mental de los jóvenes.
La Organización Mundial de la Salud señala que el 14.3% de jóvenes entre 10 y 19 años presentan algún problema de salud mental, donde la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento son los más comunes y el suicidio es la tercera causa de defunción en jóvenes entre 15 a 29 años. En México, la encuesta VOCES-19 elaborada por Population Council en 2021, mostró datos de alarma donde el 63.8% de los jóvenes encuestados presentaba síntomas depresivos y un 57.2% de ansiedad.
Entre 2016 y 2024 el presupuesto destinado a la atención de la salud mental en el país osciló entre el 1.3% y el 1.6% del gasto total en salud (CIEP,2024). Los servicios públicos se dirigen mayoritariamente a atender problemas relacionados con adicciones y padecimientos psiquiátricos y, aunque promueven un enfoque preventivo, la prevención se concentra en las escuelas primarias, siendo marginal la atención en adolescentes y jóvenes de otros niveles educativos, que son los que presentan mayores necesidades de atención.
Para atender el trastorno más común en jóvenes, la depresión, la Línea de la Vida (que busca prevenir el suicidio) resulta ser hoy casi la única respuesta gubernamental. De ahí la necesidad urgente de llamar la atención sobre la necesidad de diseñar políticas públicas integrales para atender la salud mental de nuestros adolescentes y jóvenes.
Dra. Sughei Villa Sánchez, catedrática de la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac México





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