En septiembre, la actividad industrial disminuyó 0.4% mensual con cifras ajustadas por estacionalidad, sumando cuatro meses consecutivos en terreno negativo.
La contracción fue ligeramente mayor a la de agosto, reflejando la persistencia de debilidad en sectores clave.
Por componentes, la construcción registró una caída de 2.5%, mientras que los demás sectores mostraron ligeras recuperaciones. La minería avanzó 0.7%, las industrias manufactureras 0.2% y la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y gas, aumentó 0.4%.
A tasa anual, la producción industrial cayó 3.3% en septiembre, acumulando siete meses consecutivos con descensos. La construcción presentó la mayor caída interanual (-7.2%), seguido por la minería (-3.2%), las manufacturas (-2.3%) y la generación y suministro de energía (-0.2%).
Estos resultados reflejan una fase de contracción estructural prolongada en la industria, sin señales claras de una recuperación sostenida en el corto plazo. El sector minero parece haber alcanzado un punto de inflexión tras una caída profunda y muestra ciertos indicios de repunte. Por su parte, la construcción enfrenta un retroceso estructural que apunta a una fuerte contracción de la inversión pública y privada, asociada con un menor gasto en infraestructura y una desaceleración del sector inmobiliario. Las manufacturas han perdido impulso, afectadas por la debilidad de la demanda externa, aunque su desempeño se mantiene más estable en comparación con la minería y la construcción. Por su parte, la generación de energía eléctrica muestra cierta estabilidad y, si bien no contribuye al crecimiento, tampoco agrava la contracción, reflejando una demanda contenida y coherente con un entorno de bajo dinamismo.
El entorno industrial continúa enfrentando riesgos importantes de cara al cierre del año. Entre ellos, sobresale la incertidumbre respecto a posibles medidas comerciales de Estados Unidos, así como la desaceleración económica en ese país. Además, el bajo dinamismo de la inversión pública y la débil confianza empresarial siguen limitando las perspectivas de recuperación a corto plazo.
Revertir la actual debilidad industrial requerirá más que una recuperación coyuntural. Será necesario un entorno sostenido de inversión, certidumbre y una demanda tanto interna como externa más sólida. La construcción ha sido el sector con mayor pérdida de dinamismo y su recuperación dependerá tanto de la reactivación de planes de inversión pública, como de un mayor impulso del sector privado, lo cual aún no se vislumbra con claridad. En el sector minero, el incremento en precios internacionales de metales podría ofrecer algún alivio, pero su impacto podría ser limitado y dependiente de la incertidumbre comercial. En conjunto, 2026 llegaría a representar una recuperación apenas parcial, y la industria seguirá enfrentando riesgos considerables si no se logran cambios profundos en inversión y confianza empresarial.
