¿Por qué millones de personas en el mundo sucumben ante las promesas de los liderazgos autoritarios? ¿Qué ha llevado al retroceso democrático y al ascenso y permanencia de regímenes autoritarios?
Basta ver el comportamiento de algunos gobiernos en América y en Europa para entender que estamos frente a una nueva época, la del retroceso democrático y la fascinación por los autoritarismos. La desafección por la democracia y sus reglas de participación se ha producido por aquello que los ciudadanos perciben como fallos del sistema, auspiciados por el incremento de la corrupción y la opacidad de la rendición de cuentas (que generan el sentimiento de que las instituciones gubernamentales abusan del poder,) la polarización política del pluralismo ideológico (con la sensación de que más que pluralidad de ideas existen divisiones ideológicas que dificultan la gobernabilidad), la brecha creciente de la desigualdad económica (que generan frustración y la percepción de que las democracias son ineficientes y que no funcionan para todos) y los cambios de gobierno (que se perciben como ineficiencia e inestabilidad para abordar los problemas públicos en el largo plazo).
Estos elementos son percibidos por el elector promedio como fallos que socavan la confianza en el sistema democrático y que abren la posibilidad para el ascenso de liderazgos autoritarios, personalistas y mesiánicos que aparecen como respuestas salvadoras a dichos males.
A los regímenes autoritarios ampliamente conocidos, como Corea del Norte, Rusia, China y Cuba, se han sumado nuevos que, si bien presentan un pluralismo político limitado (denominados por ello autoritarismos competitivos), ejercen el poder anulando de facto a las fuerzas opositoras. Así, en la deriva autoritaria destacan los gobiernos de Trump en Estados Unidos, Orbán en Hungría, Erdogán en Turquía, Meloni en Italia y los populismos latinoamericanos —tanto de derecha como de izquierda— de Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua.
La debacle de la democracia en la conformación de nuevos gobiernos es clara y sus valores se encuentran en jaque. En la última década en Europa los partidos de extrema derecha han aumentado su influencia entre los electores en Francia, Países Bajos, España, Suecia, Polonia, Finlandia y Eslovaquia y han llegado incluso a conformar gobiernos de coalición.
¿Por qué la fascinación por estos liderazgos? ¿Qué hace tan seductor a los autoritarismos? Retomando las ideas de Stenner, Anne Applebaum ofrece una explicación plausible para comprender esta atracción. En su obra “El ocaso de las democracias”, sostiene que la seducción por los autoritarismos se produce porque las personas tienden a una mentalidad simplista. Mientras que la democracia alude a la complejidad (de ideologías, decisiones, actores y a la inestabilidad) y a una avalancha de opiniones diversas que generan enfado en las personas, las ideas simples que llaman a la búsqueda de la seguridad, el orden y la estabilidad (aunque se sacrifiquen libertades), resultan atractivos.
En contraste con la lentitud que implica el debate democrático, los regímenes autoritarios ofrecen la percepción de eficacia con sus promesas de soluciones rápidas y decisivas a problemas complejos. Estos regímenes utilizan la nostalgia como herramienta por pasados autoritarios que ofrecían mayor orden y control, se aprovechan de las reacciones conservadoras de sectores reacios a los cambios sociales y construyen una narrativa del miedo “al otro” (como a los inmigrantes, por ejemplo), con discursos extremistas que utilizan el temor para justificar las medidas que restringen libertades.
Estos elementos son utilizados por líderes autoritarios que se presentan como figuras capaces de implementar medidas de “mano dura” para salvar a la nación de la crisis. Para ello, apelan a las emociones de las personas a través de procesos de comunicación que se caracterizan por noticias falsas, verdades manipuladas y discursos incendiarios.
Todo ello en un contexto de comunicación digital donde los relatos falsos y tendenciosos se propagan de manera viral y en donde la verificación del dato y de la información ya no importan, se genera un clima propicio para la construcción de una percepción falsa del mundo que abraza estas ideas radicales.
Hoy estamos siendo testigos de una frase común en el mundo de la política: “en política los vacíos de poder no existen, se llenan”, lo que significa que cuando los liderazgos y las propuestas democráticas pierden confianza en el elector, su sustitución natural es por una propuesta opuesta. Estas últimas son justamente las que hoy dominan el mundo y los valores sobre la política.
Dra. Sughei Villa Sánchez, catedrática de la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac México




