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La engañifa del empleo

Última actualización el 11 de diciembre de 2025

Tiempo de lectura: 3 minutos

Que nadie se llame a sorprendido. La realidad ha rebasado las cifras “alegres” del oficialismo en materia de fuentes de trabajo.

Para nadie es algo nuevo que cada día se observan más puestos y vendedores callejeros en las principales ciudades del país. Cada día, algún familiar o amigo comenta que ha tenido que “sacar a la calle” su automóvil – cuando lo tiene – o una “mesita” afuera de su casa – en el mejor de los casos – para vender cualquier baratija, sea comida o alguna “cháchara”, con la finalidad de allegarse de recursos debido a la carestía que golpea fuertemente las finanzas familiares y personales de millones de mexicanos.

Los más conformistas acuden a alguna “ayuda del gobierno” para sobrevivir y comprar lo poco que alcance de “despensa”. El régimen se ufana de que cada vez más mexicanos dependen de los programas sociales: “ayudamos ya a más del 70 por ciento de los hogares mexicanos, los cuales reciben algún tipo de apoyo gubernamental”, afirma la presidente Claudia Sheinbaum; como si fuera un “éxito económico” el “cobijar” cada vez más con recursos públicos a un mayor número de compatriotas que llevan y llevarán décadas en la pobreza real.

Cifras recientes de oficialismo dan cuenta que el IMSS reportó “un avance” en el empleo formal durante el mes de noviembre, pero por debajo del promedio mensual de este año. Ello quiere decir que de los 48 mil 595 nuevos puestos de trabajo, hay una pérdida de por lo menos 6 mil empleos el mes pasado debido a que el promedio mensual entre enero y octubre fue arriba de las 54 mil plazas.

Donde se ve la realidad del mercado laboral mexicano es en las informalidad: de todo el universo laboral del país (62 millones, aproximadamente) 55.7 por ciento trabaja en el empleo informal; estamos hablando de 33.9 millones de personas que dependen de todos aquellos “changarros” o puestos callejeros que no generan seguridad social ni prestaciones al trabajador y que el gobierno tiene que “cargar sobre sus espaldas” a través de sus “apoyos sociales” con dinero del presupuesto público. Y, lo peor, es que cada vez suman más mexicanos en la informalidad. Ello, a pesar de que quienes tienen un empleo y reciben un salario, siempre acuden a las “ayudas” del gobierno para “completar” la quincena.

Oaxaca, Chiapas y Guerrero son los estados donde la informalidad rebasa el 70 por ciento de trabajadores sin derechos ni prestaciones.

Y por si fuéramos pocos, “ya parió la abuela”: la escalada de precios en noviembre pasado superó las expectativas. En su último reporte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (9 de diciembre del 2025) reporta un aumento de la inflación de .66 por ciento para ubicar este año el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) en 3.80 por ciento, por encima de lo que esperaban los analistas, que era de 3.68 por ciento.

No hay sitio donde uno se pare y escuche las quejas de la gente que argumenta, con la realidad en la mano, lo difícil que resulta hoy día comprar lo mínimo indispensable para sobrevivir. Una vez más, el mundo real por encima del discurso político.

Otro ejemplo del engaño oficial está en la Educación: México cerrará 2025 destinando únicamente 3.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a Educación, una cifra que representa la inversión más baja en décadas y que lo coloca muy por debajo del estándar recomendado por la UNESCO, que establece que los países deben invertir entre 4 y 6 por ciento para garantizar calidad, equidad y condiciones dignas para estudiantes y docentes.

Se trata del indicador más contundente de que el país mantiene una crisis educativa que no ha sido atendida por el Estado con visión de largo plazo. Es reflejo de programas y políticas sin sustento técnico que han profundizado los rezagos en aprendizaje, abandono escolar e infraestructura, por más que el discurso político diga lo contrario.

Otras vez la realidad nos avasalla.