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Vivir de prestado, fracaso económico

Última actualización el 4 de diciembre de 2025

Tiempo de lectura: 3 minutos

Por más que el discurso del oficialismo en materia de política económica sea que “todo va bien”, la realidad avasallante indica otra muy distinta: México está pasado por una desaceleración económica sin precedentes; para finales de este año el crecimiento de la Economía (PIB) será de tan solo .30 por ciento y las previsiones más optimistas para el año próximo son de que dicho crecimiento no rebasará siquiera el 1 por ciento.

¿Qué país puede tener un sano desarrollo en todos los órdenes y hablar de “grandeza” con esas tasas raquíticas de crecimiento?

Claro, vivir de prestado garantiza estar sumergidos en un espejismo que no permite a las masas ver la realidad. Pero esa realidad, tarde o temprano, nos golpeará en la cara y nos hará ver en dónde estamos parados.

En los últimos meses, a raíz de la preparación del Paquete Económico del 2026 (Ley de Ingresos, Presupuesto de Egresos y Miscelanéa Fiscal) el actual gobierno federal se topó con una realidad consistente: Los recursos que antes se destinaban a los estados, provenientes de la Federación, ya no son suficientes para canalizarlos a las entidades que más lo requieren. A partir de ahora, las entidades deberán buscar sus “propios recursos” para poder funcionar al igual que las más de 2 mil 475 administraciones municipales que hay en todo el país.

Hoy, los estados – principalmente muchos del sur-sureste del territorio nacional – atraviesan por una severa crisis de recursos que está llevando al endeudamiento cada vez más inmanejable por parte de sus gobernadores. Ilustrémoslo con algunos casos recién exhibidos a la opinión pública.

Tabasco, donde gobierna Javier May (Morena), abrió tremendo “boquete” al presupuesto de este año al grado de solicitar a los bancos privados un crédito por 2 mil millones de pesos. Su administración, sumada a los errores económicos del pasado, tienen al estado en la quiebra. Por falta de recursos, no pudieron pagar la homologación salarial ni parte del aguinaldo a los burócratas estatales, que habían prometido cubrir en la segunda quincena del pasado mes de noviembre.

En Campeche, Layda Sansores (Morena), más preocupada en quedar bien con “el movimiento” censurando y reprimiendo a los opositores críticos a su gobierno, a dos años de concluir su sexenio ha tenido que solicitar una deuda por mil millones de pesos a un plazo de 20 años, como parte del Paquete Económico estatal para el ejercicio fiscal 2026. El pretexto fue que con dicho crédito se fortalecerá el Plan Campeche, anunciado recientemente por el gobierno federal. Es decir, “vivir de prestado”.

El caso más emblemático es el de Yucatán con Huacho Díaz Mena (Morena): el incremento de impuestos locales para poder solventar los hoyos en el gasto público generados por una pésima administración. La “propuesta” del ex priísta, ex panista y hoy oficialista de incrementar el Impuesto Sobre Nómina (ISN) del 3 al 3.75 por ciento afectará de manera negativa y directa al ya de por sí golpeado empleo formal en el estado, en un contexto económico de desaceleración.

En medio de protestas tanto de la sociedad civil yucateca, como del sector empresarial y la oposición política estatal, hace unas horas la mayoría oficialista del Congreso estatal aprobó en comisiones el dictamen del Paquete Económico 2026. Con ello se elevaría el costo en la contratación de personal, lo que ampliará – sin duda – la brecha entre la formalidad y la informalidad en un contexto donde 57 por ciento de la población ocupada ya trabaja fuera de la regulación laboral. Todo ello, con una repercusión negativa en la inversión y mejora social de los trabajadores. Asimismo, el año próximo habrá aumentos a los impuestos por “ejercicio profesional” y la venta de autos usados, sector – este último – de mucho auge en Yucatán. En su propuesta de Ley de Ingresos 2026 del Estado, Díaz Mena solicita al Congreso autorización para contratar créditos por hasta mil 530 millones de pesos para pagar a largo plazo.

Lo cierto es que el éxito o fracaso de los retos sociales para el año próximo estarán marcados por una menor cantidad de recursos generados dentro de nuestra propia economía y cada vez más “dependientes” en el dinero que se obtiene, vía créditos, tanto en lo interno como en el extranjero. Entonces ¿cuál soberanía?