La Junta de Gobierno del Banco de México, en su última sesión de 2025, determinó por mayoría reducir la tasa de referencia en 25 puntos base para situarla en un nivel del 7.00%. Esta determinación se fundamentó primordialmente en el desempeño resiliente del tipo de cambio, el cual ha mostrado una apreciación sostenida y bajos niveles de volatilidad en los mercados internacionales.
No obstante, la medida también responde a una debilidad persistente en la actividad económica nacional, cuyo crecimiento acumulado al cierre del año pasado fue prácticamente nulo. Este estancamiento es visible tanto en la oferta, con una manufactura industrial que se mantiene deprimida, como en la demanda, donde la inversión fija muestra una trayectoria descendente en todos sus componentes estructurales.
Un entorno de crecimiento nulo y consumo dependiente de importaciones
A pesar del panorama de debilidad en la producción interna, el consumo privado ha logrado mantener cierto dinamismo a través de la adquisición de bienes importados. Este fenómeno ha sido favorecido directamente por la fortaleza de la moneda mexicana, permitiendo que la inflación general se mantenga dentro del intervalo de variabilidad establecido por el banco central durante la mayor parte del periodo.
Los indicadores sugieren que el episodio inflacionario crítico asociado a los choques globales de años anteriores ha quedado atrás, permitiendo una postura monetaria menos restrictiva. Sin embargo, la inflación subyacente presenta dinámicas mixtas, caracterizadas por un descenso continuo en el sector de servicios que es parcialmente compensado por ajustes al alza en los precios de las mercancías.
Dinámicas inflacionarias y el control de las expectativas
Por su parte, la inflación no subyacente se ha mantenido en niveles reducidos gracias a una moderación en los precios de productos agropecuarios y menores variaciones en los costos de los energéticos. Aunque se han registrado aumentos recientes en diversas tarifas autorizadas por el gobierno, la autoridad monetaria los considera de carácter transitorio y sin impacto estructural a largo plazo.
En este sentido, las expectativas de inflación para el mediano y largo plazo permanecen relativamente estables entre los especialistas financieros. No obstante, estas previsiones aún se sitúan por encima de la meta oficial del 3%, lo que mantiene un sesgo al alza en el balance de riesgos, aunque significativamente menor al reportado en ejercicios previos.
Desafíos externos y la estrategia de «esperar y ver»
De cara al inicio de 2026, el panorama económico anticipa posibles choques asociados a cambios en políticas impositivas, nuevos aranceles y episodios de volatilidad financiera. Varios miembros de la Junta de Gobierno subrayan que estos eventos serían de naturaleza temporal y no reflejarían necesariamente presiones inflacionarias de carácter persistente en la economía.
Ante este escenario, Banxico ha señalado que conducirá su ciclo de relajamiento con un enfoque estrictamente dependiente de los datos, adoptando una postura de «esperar y ver» si las condiciones lo requieren. Esta cautela busca evaluar con precisión el impacto de los choques externos antes de proceder con movimientos adicionales en el costo del dinero.
Estrategia para 2026 y balance institucional
Dentro de la Junta, las opiniones no son unánimes; el subgobernador Jonathan Heath votó por mantener la tasa de fondeo sin cambios en la última reunión. Su postura sugiere la necesidad de pausar el ciclo de recortes hasta contar con evidencia irrefutable de una convergencia sostenida y ordenada hacia la meta de inflación establecida.
Finalmente, el consenso analítico proyecta un ciclo de relajamiento monetario que continuará durante 2026, pero de forma más gradual y cautelosa. Se anticipa un recorte acumulado adicional de 50 puntos base a lo largo del año, avanzando hacia una postura menos restrictiva sin comprometer el objetivo prioritario de estabilidad de precios.
Escrito por Gerónimo Ugarte Bedwell, Economista en Jefe, y Alejandra Cortés, Economista de VALMEX Casa de Bolsa
