El reporte «Age of Agility: Key Themes Shaping Latin America in 2026», publicado por S&P Global Market Intelligence el 28 de enero de 2026, identifica la revisión del T-MEC como el hito comercial más relevante para la región en el año en curso. Este proceso de revisión, programado para mediados de 2026, se produce en un contexto de recalibración de las relaciones comerciales globales, especialmente entre Estados Unidos y China, lo que obliga a la región a adoptar una postura de mayor agilidad frente a las cadenas de suministro.
Para México, este escenario implica una transición hacia reglas de origen más estrictas y una política arancelaria mucho más coordinada hacia terceros países. Los analistas advierten que la industria automotriz estará en el centro de este escrutinio, enfrentando filtros más rigurosos a la inversión extranjera bajo argumentos de seguridad nacional, lo que redefinirá la forma en que las empresas operan y se expanden en el territorio nacional.
Revisión del T-MEC y el cerco a la inversión
El escenario base proyectado para la revisión del T-MEC apunta no solo a la rigidez normativa, sino también a una expansión del «investment screening» o filtrado de inversiones. Este mecanismo busca asegurar que los capitales que ingresan a sectores estratégicos, como el automotriz, no comprometan la seguridad regional, lo que podría traducirse en mayores requisitos de transparencia y origen de los fondos para los inversionistas que buscan aprovechar el mercado norteamericano.
Esta coordinación arancelaria hacia el exterior responde a una estrategia regional para proteger la competitividad del bloque frente a competidores globales. Al alinearse con las políticas de sus socios comerciales, México busca consolidar su posición en la cadena de valor, aunque esto signifique renunciar a cierta autonomía arancelaria para mantener el acceso preferencial al mercado de Estados Unidos y Canadá.
Desafíos macroeconómicos para México y Brasil
A pesar del potencial comercial, México y Brasil enfrentan un panorama de crecimiento económico más débil en comparación con otros países de América Latina para 2026. Los analistas de S&P señalan que ambos países operan en mercados «apretados», donde la oferta de bienes y servicios no siempre alcanza la demanda, lo que incrementa significativamente los riesgos de inflación a lo largo del año.
Este entorno se ve agravado por una política monetaria restrictiva que encarece el refinanciamiento para las empresas mexicanas. La combinación de tasas de interés elevadas y restricciones a las exportaciones hacia Estados Unidos representa un obstáculo considerable para la actividad económica, aumentando el riesgo de deterioro de los activos bancarios y complicando el acceso al crédito para los sectores más expuestos al comercio internacional.
El dilema de la infraestructura y los centros de datos
En el ámbito de la infraestructura tecnológica, México se ha posicionado como un destino prioritario para la inversión privada en centros de datos, impulsado por incentivos gubernamentales y la relocalización de operaciones. No obstante, este crecimiento acelerado intensifica las restricciones operativas, particularmente en lo que respecta al suministro de energía eléctrica y el uso intensivo de agua, recursos que ya presentan niveles críticos en diversas zonas del país.
En regiones específicas como Querétaro, la construcción de nuevos proyectos tecnológicos podría enfrentar retos legales y protestas sociales debido a la sequía persistente. La capacidad de México para capturar oportunidades en 2026 dependerá no solo de la renegociación del T-MEC, sino de su habilidad para resolver estos cuellos de botella en infraestructura y garantizar una gestión sostenible de los recursos naturales frente a la demanda industrial.
