Nadie es invencible

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Un principio en la vida de los seres humanos que siempre hay que tener presente, aunque en estos tiempos de incertidumbre lo perdamos de vista, es que “nada es para siempre”. Las circunstancias que nos llevan a tomar decisiones, marcadas por el libre albedrío con el que contamos los seres pensantes, son siempre cambiantes. Lo que antes “movía” al hombre para decidir sobre cualquier camino a tomar, hoy puede ser diferente; y así ha sido a lo largo de la historia de la humanidad.

Lo que está ocurriendo en México forma parte de esas circunstancias tan pasajeras pero a la vez tan definitorias de las decisiones que hoy toma la población a la hora de ir a las urnas o la manera en que concibe la forma en que quiere ser gobernado por la clase política a la que “entrega” su voluntad sobre las decisiones públicas que hoy marcan el rumbo del país en momentos cruciales del siglo XXI.

Quienes piensen que lo que hoy poseen en cuestión política les va a durar para siempre, están equivocados. Sin duda alguna, las circunstancias cambiarán y cuando llegue el momento serán otras las condiciones sociales que modificarán las actuales condiciones en que nos encontramos y que propiciarán un cambio en todos los órdenes de la vida pública y social.

La descomposición que vemos en el país de la clase gobernante, en la que a diario surgen escándalos de corrupción y evidencias de su colusión con las mafias del crimen organizado es un “botón de muestra” de lo anterior y de que, efectivamente, ningún grupo político es invencible, principalmente cuando comienza a implosionar como lo que se observa al día de hoy.

No hay “fuerza humana” posible que sirva de “muro de contención” a tal desgaste político provocado por malos manejos en la gobernación de un país o sociedad, cansada ya de tanto autoritarismo y falta de acuerdos entre todos los grupos que, de alguna u otra forma, representan los diversos intereses de una sociedad cada vez más plural.

Lo acontecido con la mal llamada “reforma electoral” es prueba de ello. Tras semanas de “negociaciones” entre el partido en el poder y sus “aliados” – que al final no resultaron tan “aliados” – la negativa de toda la oposición de avalar una serie de locuras que nadie pidió y que sólo buscaban “pertrechar” aún más a Morena al frente de todos los poderes de la Unión, ha vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de lograr una coalición opositora como la única vía para generar una serie de verdadero contrapeso político.

El rechazo a dicha iniciativa presidencial manda una señal incontrovertible al oficialismo: Quienes hoy ostentan el poder político no son invencibles. Con una alianza fuerte, digna y representativa de la mayoría de la sociedad es posible derrotar a Morena que ha hecho de las dádivas sociales y su movilización de “chalecos guinda” una estrategia de campaña aún en tiempos no electorales, lo que contraviene cualquier legislación en la materia.

Una reciente declaración de la titular del poder Ejecutivo pinta de “cuerpo entero” la forma en la que este grupo político ve las cosas: “Era factible negociar (la reforma electoral), sí; pero tomé la decisión de no hacerlo”. A eso solo se le puede llamar ‘autoritarismo’. La falta de diálogo solamente es reflejo de su incapacidad para aceptar otras formas de pensar que, en cualquier actividad humana, significa enriquecer con propuestas un proyecto en el que estamos “embarcados” más de 130 millones de mexicanos y, del cual, todos pagaremos sus consecuencias.

By Martín Espinosa

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