En los últimos días los ciudadanos observamos el “movimiento político” que se ha gestado desde los diversos partidos políticos con miras a las llamadas elecciones intermedias del 6 de junio del año próximo, las cuales han sido calificadas como “las más importantes de la historia del país” debido al número de posiciones políticas que estarán en juego: 17 gubernaturas, 500 diputados federales, mil 88 diputados locales y más de 680 presidencias municipales. En la antesala del proceso electoral del 2027 también se ha planteado – Plan B de la reforma electoral – que se lleve a cabo la realización de la consulta de revocación de mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Frente al manejo populista que ha hecho el actual régimen con la utilización de recursos públicos para avasallar a la oposición que busca posicionarse a la “mitad del camino” que lleva el actual gobierno federal con miras a las elecciones presidenciales del 2030, conviene reflexionar sobre varias consideraciones que definirán el rumbo de México al mediano plazo.
La semana pasada el Partido Revolucionario Institucional (PRI), de la mano de su líder nacional Alejandro “Alito” Moreno – único líder partidista que se ha colocado en los últimos años frente al morenismo oficialista – anunció la formación de un movimiento nacional al que se ha denominado “Defensores de México”, el cual será coordinado por la experredista Rosario Robles en su calidad de referente ciudadano ante los abusos del poder.
En épocas de incertidumbre en todos los órdenes de la vida de los seres humanos y cuando el ruido excesivo que hay en la sociedad se impone frente a una realidad avasallante de violencia, pobreza y falta de oportunidades sociales, hay que detenerse a reflexionar sobre los mecanismos necesarios para defender al país y no a los órganos partidistas que, en los últimos años, únicamente se han preocupado por “sobrevivir” y mantener sus privilegios por encima de una sociedad agraviada y cada vez más empobrecida.
No se tratan los tiempos actuales de actuar con “cálculo electorero” para ver cómo se salvan “sus parcelas de poder político y económico” sino de tener una verdadera visión de Estado que obliga a mirar a la toda la sociedad, con sus heridas pero también con toda su fortaleza ciudadana.
La convocatoria hecha a toda la sociedad por el único y más fuerte partido opositor, hoy por hoy, no es algo retórico. Es, más bien, una postura ética frente a la realidad que hoy vivimos. Es negarse a normalizar el deterioro acelerado que en lo últimos 7 años vive México y sus instituciones. Significa reconocer que hay millones de compatriotas que ven que su ingreso ya no les alcanza para llevar pan a la mesa de sus familias, jóvenes que no encuentran oportunidades de trabajo y desarrollo, madres buscadoras que hacen frente al abandono institucional y centenares de comunidades a lo largo y ancho del territorio nacional que sobreviven entre el miedo y la inseguridad que ha sembrado el crimen organizado, coludido con las autoridades de los llamados tres órdenes de gobierno: municipal, estatal y federal.
Lo que se busca hoy con “los Defensores de México” es entender las causas de lo que le ocurrió al país, asumir responsabilidades y construir soluciones. Para ello, es necesario defender a la clase trabajadora que sostiene la maltrecha economía, asumir con seriedad la crisis de seguridad para garantizar la vida, la libertad y la tranquilidad de la gente. También implica hacer frente a los desafíos en materia de salud y educación, cuyas deficiencias representan la “fractura moral” del Estado.
Asimismo, defender al sector productivo. Los pequeños y medianos empresarios, que son los más, no piden privilegios, piden certezas ante un entorno de mayor incertidumbre regulatoria y desconfianza jurídica.
No vaya a ser que, como sucedió el pasado fin de semana en el “anuncio” que hizo el Partido Acción Nacional (PAN) de “abrir” sus candidaturas rumbo al 27 a ciudadanos a través de encuestas, se nos vaya el país de las manos por actuar más con cálculo partidista para no perder dinero y privilegios que con una profunda actitud de Estado, que lo que busca es crear una alianza común con toda la sociedad para frenar abusos y exceso del poder que ya conocimos y sufrimos en el pasado y que hoy vuelven a estar presentes en la vida pública de México.
