Hay veces que la historia rima, pero en el caso de la venta de Banamex, desentona.
Mientras más se ha hablado de su “mexicanización”, más se diluye su identidad como el banco mexicano de la cual podía presumir en otros tiempos y que, como tantas otras cosas del pasado, tanto quiso recuperar Andrés Manuel López Obrador.
El más reciente capítulo, el de la entrada de Fernando Chico Pardo con una participación relevante del 25 por ciento de las acciones fue leído, no sin prisas, como el regreso de la institución a la patria.
Pero basta rascar un poco para entender que no fue así. La operación, como ya se ha documentado, forma parte de una estrategia de colocación por etapas diseñada por Citigroup, en la que el capital internacional permanece y marcando el paso y el rumbo de Banamex.
Algunos sostienen que la presencia de un empresario mexicano de alto calibre, como Chico Pardo, manda señales de confianza y nacionalismo.
También argumentan que esto mejora la gobernanza y allana el camino hacia el mercado.
Lo que no se dice tanto es que esto por sí solo no resuelve una cuestión de fondo, que Banamex, el banco que durante décadas fue símbolo de una élite financiera nacional, vuelva a serlo, mucho menos que comparta un compromiso con los planes y políticas económicas del régimen morenista.
Lo que estamos viendo es un activo sistémico que transita hacia una estructura accionaria fragmentada, con fondos extranjeros tomando posiciones marginales pero decisivas, a lo que se suma su eventual salida a bolsa en los mercados internacionales. No hay épica en eso, hay mercado.
Y, contrario a lo que le gustaría a la autodenominada 4T, el mercado no tiene pasaporte ni puso su firma en el Plan México.
Durante meses se alimentó la expectativa de una venta integral a un solo comprador mexicano, pero eso se diluyó tras la negativa de Citi de aceptar una oferta que se veía más atractiva para sus accionistas. Los directivos del banco en Estados Unidos impusieron su voluntad, con las ventajas aparentes en el coto plazo de vender por pequeñas partes a fondos globales y tal vez ahorrarse algunos impuestos en México, pero eso resultó contrario al imaginario político del Palacio Nacional y, según algunos analistas, también dudoso en cuanto al debido cumplimiento de sus responsabilidades fiduciarias.
En este escenario tenemos a la presidenta Claudia Sheinbaum y a su gobierno, ávidos de incentivar la inversión privada en el país, aún en un contexto de tantas incertidumbres. Los vimos apenas en la Convención Nacional Bancaria pidiendo a los banqueros dar y promover más créditos. Veremos si convencieron a alguien.
Banamex no dejará de ser relevante, pues es un jugador clave en consumo, tarjetas y crédito. Pero México y la conferencia mañanera se quedaron sin “su” banco.
La ruta del dinero
En la industria de la salud los cambios rara vez son improvisados. En ese tenor anote la llegada de Roxana Rojas a la dirección general de Baxter Healthcare México. Se trata del ascenso de una ejecutiva con más de 20 años en esa firma.
Solera, compañía global especializada en datos e inteligencia artificial para los sectores asegurador y de movilidad, que procesa más de un millón de transacciones diarias anuncia que Alejandro Ávalos asume la dirección de la empresa en México.
