Morena y la crisis de información

Tiempo de lectura: 4 minutos

Resulta difícil entender porque, una instancia especializada, se atrevió a tachar de falso lo que muchos observadores afirmaron haber visto y que acreditaron con fotos y videos.

Algo no está funcionando en el equipo de comunicación de la Presidencia. Lejos de cuidar la imagen presidencial, la de la titular, Claudia Sheinbaum, pareciera que los responsables de esta importante y estratégica área, están más preocupados en ignorar, descalificar o desviar la atención de todo aquello que consideran pueda afectar la supuesta inmaculada imagen de su movimiento transformador.

En el concepto cuatroteista, los gobiernos morenistas son perfectos. No cometen errores, faltas ni se equivocan. Y cuando alguna falla es inocultable, el manual de la 4T indica que hay que rechazar toda responsabilidad y endosarla a los gobiernos pasados. Un recurso, cada vez menos efectivo, pues tras siete años en el poder, es difícil cargar culpas a los del pasado remoto sin que el del pasado reciente no salga salpicado. Por principio, no se reconocen yerros, porque aceptarlos perjudica al movimiento, opinan sus “ideólogos”.

El ideario político de Morena establece tres principios: no robar, no mentir y no traicionar. Tres mandamientos que en la práctica sus militantes destacados violan sin rubor. En estas últimas semanas, el segundo mandamiento, no mentir, ha puesto en un brete a la Jefa del Ejecutivo, pues por falta de información o información no verificada por quiénes tienen la obligación de cuidar sus intervenciones, ha incurrido en imprecisiones, por decir lo menos.

Hemos comentado, con anterioridad, que el ejercicio mañanero cotidiano, en Palacio Nacional, resulta riesgoso para la imagen de la Presidenta. La exposición diaria a preguntas irrelevantes, pueden dar lugar a respuestas inexactas, cuando se carece de información. Errores que, la mandataria, no tendría por qué asumir, cuando se trata de temas que debieran ser atendidos por funcionarios de otro nivel. La Presidenta debería contar con la mejor y mayor información, lo que no está sucediendo.

A mediados del mes de marzo pasado, inconsciente e imprudente, una funcionaria de la Secretaría de Hacienda se le hizo fácil asolear sus piernas en un ventanal de Palacio Nacional. La escena fue objeto de múltiples fotos y videos que rápidamente se viralizaron en las redes sociales. A pesar de estas evidencias, InfodemiaMX, la iniciativa de gobierno creada para combatir la infodemia, las noticias falsas y la desinformación, determinó que se trataba de imágenes falsas, creadas por inteligencia artificial (IA). En contra de esta versión oficial, surgieron más fotografías y videos de la mujer asoleándose lo que hizo que, un caso de importancia menor, ciertamente reprobable por el poco respeto mostrado a instalaciones de gobierno, llegara hasta el nivel de la Presidencia del país.

Cuando en una mañanera se le pidió a la Jefa del Ejecutivo su opinión sobre el tema, la Mandataria se guardó su opinión revirando a quien le preguntaba que mejor le hablara sobre eventos ocurridos en épocas de diversos mandatarios del pasado. Solo hasta 12 días después de ocurrido el suceso, la Presidenta se refirió al tema, enmendándole la plana a InfodemiaMX al reconocer que el hecho sí había ocurrido. Infodemia había mentido y metido en aprietos a su jefa.

Resulta difícil entender porque, una instancia especializada, se atrevió a tachar de falso lo que muchos observadores afirmaron haber visto y que acreditaron con fotos y videos. Para lavar culpas, Infodemia emitió un comunicado rectificando su postura y ofreciendo “una disculpa pública a los lectores y seguidores de esta plataforma.” Sin embargo, la ineficiencia y errores cometidos por los funcionarios responsables de una oficina, nada menos que de la Presidencia de la República, no tuvo ninguna consecuencia. Vaya tolerancia.

El otro caso es más delicado, porque en las mentiras se involucraron varios titulares de dependencias públicas, una gobernadora y, de paso, la Presidenta misma. La tardanza en la reacción y reconocimiento de la verdad del suceso tuvo consecuencias graves. Hasta más de sesenta días después de ocurrido el derrame de petróleo en la sonda de Campeche, se supo que se manipuló la información, negando las verdaderas causas del derrame y evadiendo toda responsabilidad de los funcionarios encargados de atender el caso.

Impensable que, con la tecnología actual, no se hubieran enterado, desde el inicio del derrame, los funcionarios de Pemex y de la Secretaría de Marina. Fotos satelitales mostraban la mancha del crudo en el Golfo de México que iba creciendo. Ambientalistas, pescadores y medios habían dado la voz de alarma sobre el suceso. Al estilo de la 4T, los titulares de Pemex y de las Secretarias de Marina, Energía y Semarnat minimizaron el caso y negaron que la paraestatal fuera responsable del derrame.

Con gran iniciativa la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle repartió culpas, un barco fantasma, no identificado, eso sí, contratado por el gobierno de Enrique Peña Nieto y emanaciones naturales, chapopoteras, eran los responsables del derrame que, según ella, solo se trataba de “gotas y trazas” de petróleo. Infodemia, una vez más, negaba los derrames.

Finalmente, y más de dos meses después de negar la existencia del derrame y de haber mal informado a la Presidenta, resultó que la paraestatal había sido el causante del derrame. Según su director, Victor Rodríguez Padilla, a él y a los mandos superiores el organismo, les ocultaron información. Por eso no me enteré, afirmó. ¿Se la ocultaron durante dos meses? Si esto es cierto, el funcionario no tiene autoridad ni capacidad para dirigir esa empresa. Sus subalternos no lo respetan.

Otra vez el problema, además de las mentiras, es la desinformación en que trabaja el equipo de comunicación de la Presidencia. Por lo mismo, dejan a la titular en la ignorancia y la exponen a decir falsedades en sus mañaneras. No la cuidan. Esto parecería hasta un descuido poco inocente. Y de responsabilidades y consecuencias, cero.

Algo tendrá que hacer la Presidenta para no caer en más situaciones comprometedoras que, tarde o temprano, la obligan a corregir sus propias afirmaciones.

By Miguel Tirado Rasso

Te puede interesar