Muchos son los ejemplos para demostrar que, en la última década, el Estado mexicano ha sufrido sus más dolorosos descalabros de los últimos dos siglos. La situación actual de México, sin rumbo y sin un futuro cierto, ejemplifica el hecho de que cuando sus gobernantes pierden la brújula, los gobernados perdemos oportunidades claras de llevar a buen puerto la serie de transformaciones que hoy experimenta el mundo.
Es por ello que la historia del México moderno no es posible de explicar sin una visión de Estado. La estrategia con la que desde el siglo pasado se logró la transformación comercial y económica del país, con todos los beneficios que ello significó, logró colocarnos entre las principales economías del mundo.
Un ejemplo de ello fue el libre comercio en América del Norte, el cual no fue resultado de la casualidad ni de la improvisación: fue el resultado del profesionalismo y la diplomacia que caracterizaron al México moderno, al conseguir sentarse “de tú a tú” con una de las principales potencias del mundo para garantizar un acuerdo que trajo estabilidad, empleo y desarrollo para millones de familias mexicanas.
Sin embargo, hoy se vislumbra el fracaso en las negociaciones frente a la soberbia ideológica y la ineptitud de un régimen que ha puesto en jaque dicho legado de prosperidad. Los recientes resultados de las mesas de negociación y el colapso en la revisión del llamado Tratado Comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) no son un hecho aislado; son la consecuencia de una serie de hechos de corrupción y opacidad que ha caracterizado a un sistema de gobierno basado en la opacidad y el contubernio con las mafias del crimen organizado, que permitió la instalación de un régimen con base en el financiamiento de campañas y gobiernos, producto del trasiego de drogas y de la siembra del terror por parte de los cárteles que hoy dominan amplias zonas del territorio nacional. Lo peor, ocurrió: el crimen organizado ya no sólo influye y financia gobiernos, ahora son gobierno.
El régimen ha argumentado que el tratado comercial seguirá hasta el año 2036, por lo menos. Pero ahora estará condicionado a revisiones anuales, lo que anticipa su debilidad que poco margen dará a nuestra economía para salir del estancamiento en que se encuentra actualmente. Los mexicanos estamos pagando el costo de instaurar un narcogobierno que ha entregado el control de vastas regiones del país a la delincuencia organizada, provocando una profunda incertidumbre y generando desconfianza absoluta en los mercados internacionales.
Son muchas ya las voces de los diversos sectores de la sociedad que se han pronunciado en desacuerdo con lo que sucede. Existe una creciente preocupación por parte de quienes generan empleos en el país, se ha asfixiado la competitividad en un momento delicado en el que el mundo se disputa el control de las llamadas “cadenas de suministro”.
Sin duda que se vienen años difíciles para México. El fracaso de lo que estamos viendo se traducirá más temprano que tarde en menos inversión, pérdida de empleos y un estancamiento en todos los órdenes de la vida social, lo que afectará directamente el bolsillo de millones de ciudadanos.
Por ello, urge un golpe de timón. Es momento de rescatar la certidumbre y recuperar el rumbo hacia el desarrollo y el progreso que merece nuestra nación.
Prevenir salva vidas…
Ante el tiempo de lluvias y tormentas en muchas regiones del país en este verano, resaltan las labores de prevención que con tiempo suficiente ha realizado gobiernos estatales previsores de la situación. Algunas entidades que en el pasado han sido fuertemente golpeadas por tormentas y huracanes hoy se encuentran mejor preparadas para enfrentar una emergencia producto de las condiciones climatológicas. Resalta el caso de Puebla, donde hace varios años – particularmente en la Sierra Norte – ha habido muertos y damnificados ante la falta de previsión de gobiernos anteriores. Actualmente, el gobierno que encabeza el morenista Alejandro Armenta adquirió con tiempo maquinaria y equipos especiales para atender dichas contingencias, lo que le ha permitido apoyar a las comunidades que habitan en la Sierra Negra frente a los deslaves y el bloqueo de tramos carreteros, particularmente en la vía que comunica a San Miguel Eloxochitlán con Tlacotepec de Porfirio Díaz, en los límites con Veracruz y Oaxaca.
En respuesta a la emergencia las autoridades activaron el Centro de Mando del Comité Tláloc para coordinarse con la Secretaría de la Defensa Nacional e implementar el Plan DN-III-E con el fin de reforzar las labores de auxilio a la población. El gobierno estatal, encabezado por Armenta Mier, ha señalado que la estrategia de equipamiento con maquinaria propia ha permitido mejorar la capacidad de respuesta de las autoridades ante contingencias, particularmente en zonas afectadas por deslaves y bloqueos.
