Autor: Ivonne Muñoz
El balón rueda en los estadios de México y, a la vez, el partido más rentable se juega en una oficina de registro de marcas. La Copa Mundial 2026 dejará a la FIFA ingresos cercanos a 13,000 millones de dólares en el ciclo 2023-2026, de los cuales 3,381 millones provienen solo de derechos audiovisuales del torneo y 2,693 millones provienen de patrocinios. Detrás de esas cifras no hay un estadio: hay cerca de 1,800 registros marcarios construidos desde 1989. Esto confirma algo invisible: el verdadero activo del Mundial es intangible; no está en los goles. Conviene aclarar un mito: la inauguración de México contra Sudáfrica no fue señal exclusiva de una sola televisora. Se transmitió en abierto y de forma compartida por Canal 5, de TelevisaUnivisión, y por Azteca 7, de TV Azteca. Que millones la vieran gratis no contradice el negocio de la propiedad intelectual: lo confirma. Esa señal abierta existe porque alguien pagó por el derecho a explotarla.
Y sí, la propiedad intelectual no encarece la fiesta futbolera; la hace posible.
En México, la derrama económica se estima en 65,000 millones de pesos, con un impacto directo cercano al 0.13 por ciento del PIB en las sedes y generará más de 100,000 empleos temporales. Los hoteles captarían cerca de 20,000 millones de pesos y los restaurantes unos 10,000 millones. Esa cascada de consumo formal no surge del azar: nace de un evento cuyo valor se sustenta en marcas, contenidos y patrocinios protegidos. Sin derechos exclusivos no hay inversión, sin inversión no hay transmisión, y sin transmisión no hay restaurante lleno el día en que México juega.
El mismo activo que genera riqueza también atrae el aprovechamiento indebido. El consumo de transmisiones ilegales podría crecer un 35 por ciento, lo que nos colocaría en primer lugar en Latinoamérica en piratería digital. La mercancía apócrifa vinculada al Mundial alcanzaría los 400 millones de pesos solo en la CDMX, en un fenómeno que cuesta al país más de 63,000 millones de pesos al año y arriesga 70,000 empleos formales. Por eso, el IMPI ha realizado operativos para incautar mercancía ilegal y bloqueó 57 señales piratas durante el acto de inauguración.
La pregunta incómoda no es si debemos proteger la propiedad intelectual, porque al protegerla se protegen empleos formales. La pregunta es: ¿quién captura el valor? La FIFA y las cadenas se llevan la tajada mayor; el restaurante formal, una parte; y el vendedor informal, que también vive del Mundial, queda del lado equivocado de la ley.
Proteger la propiedad intelectual en torno al Mundial es una acción legítima y necesaria. El reto de la política pública es que ese motor no deje a la mitad del país viéndolo desde la banca.

Dra. Ivonne Muñoz Abogada especialista en derecho informático,
ciberseguridad, cumplimiento normativo y gestión de riesgos tecnológicos.
Conferencista internacional y socia fundadora de IT Lawyers.
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