El peso mexicano se apreció frente a un dólar estadounidense más débil, pero mostró un comportamiento mixto frente a otras divisas importantes.
El peso enfrentó datos económicos internos dispares. En este sentido, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de mayo mostró un crecimiento mensual plano, con ganancias en los sectores primario y secundario compensadas por una contracción del 0.4% en los servicios.
Mientras tanto, la actividad mayorista decepcionó, con una disminución de los ingresos del 2.2% mensual y del 7.8% interanual, lo que refleja una demanda débil. En contraste, las ventas minoristas aumentaron un 1.8% mensual, lo que indica cierta resiliencia en el consumo.
La moneda podría verse presionada por una caída en la inversión en infraestructura. Esta última disminuyó un 29.1% en los primeros cinco meses del año, la contracción más pronunciada registrada, en medio de agresivos esfuerzos de consolidación fiscal. Si bien su objetivo es restablecer la disciplina fiscal, dicha contracción podría afectar el crecimiento y la competitividad a mediano plazo, afectando negativamente al peso.
La incertidumbre geopolítica añade otra capa de complejidad. Hasta el momento, México se ha abstenido de tomar represalias ante las amenazas arancelarias de Estados Unidos. Esta postura no confrontativa puede reducir los riesgos a corto plazo, pero resalta la vulnerabilidad estructural a las presiones externas.
De cara al futuro, el dato de inflación de mediados de julio ofrecerá la siguiente señal clave para la trayectoria de política monetaria de Banxico. Una moderación en la inflación podría generar expectativas de una política monetaria moderada y ejercer presión vendedora sobre la moneda.”
- Análisis de Quásar Elizundia, Estratega de Investigación de Mercados- Pepperstone
