La reforma electoral que se avecina en el país plantea un escenario incierto y lleno de riesgos democráticos. El más preocupante, a saber, es la propuesta de desaparecer la figura de diputados y senadores de representación proporcional (RP), comúnmente conocidos como plurinominales.
La frase “tumbar la escalera” es una metáfora que refiere a efecto ampliamente documentado por los politólogos sobre los reveses democráticos que han sufrido algunos países en donde los líderes o partidos políticos que ascendieron al poder por instituciones y reglas democráticas (la escalera), una vez en él, se encargan de destruir la “escalera” por donde ellos subieron, para que nadie más pueda llegar al poder.
La propuesta de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral de eliminar el principio de representación proporcional en la elección de legisladores parece ser un esfuerzo encaminado a derribar esa escalera democrática porque, de hacerse efectiva, reduciría significativamente la presencia de partidos de oposición y generaría mayorías abrumadoras del partido oficial, anulando los equilibrios y contrapesos en el Poder Legislativo y entre éste y el Ejecutivo que necesitan las democracias para poder funcionar.
México es uno de los sistemas electorales mixtos más antiguos en el mundo. Desde 1977 combina dos principios en la elección de los legisladores de la Cámara de Diputados: mayoría relativa y representación proporcional. Durante el régimen hegemónico del PRI, la implementación del principio de RP significó una de las primeras victorias en el camino de la participación política de minorías partidistas. La reforma de 1977 permitió que la oposición tuviera espacios en la cámara baja y la reforma de 1986-1987 que amplió el número de diputados a 500 en una composición de 200 Diputados de RP y 300 de mayoría, marcaría un hito en los cimientos del pluralismo político del país, dinamitando la hegemonía del partido en el poder y generando una composición variopinta de esta cámara.
Estas reformas tuvieron también la cualidad de gozar del consenso de todos los actores políticos del momento, tanto del partido oficial como de la oposición. Algo que no sucede con la actual propuesta de reforma electoral que ha confrontado no sólo a los partidos de oposición sino a los propios partidos políticos coaligados al partido oficial.
La confrontación (que parece menguar después del pacto para participar en coalición en las elecciones de 2027) al interior de la alianza conformada por el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México con MORENA ha puesto de manifiesto que ni el PT ni el Verde están dispuestos a renunciar al sistema de representación proporcional que les ha permitido llegar y adquirir poder, es un peldaño de la escalera que parece que el régimen no podrá romper.
Si bien es cierto que la representación proporcional tiene defectos, como el romper el vínculo entre ciudadanos y sus representantes (quienes están más pendiente de obedecer al partido político que los postula y los pone en los primeros lugares de la lista), los datos históricos de la composición del Congreso a partir de las reformas que introdujeron un sistema electoral mixto son evidencia de que la representación proporcional ha tenido efectos trascendentales en la composición plural y equilibrada del poder Legislativo, permitiendo también generar contrapesos (en los casos en donde las cámaras tienen una mayoría opositora al Ejecutivo propia del fenómeno de Gobierno Dividido) a la Presidencia de la República.
La eliminación de la RP debe de ser un factor irrenunciable del sistema electoral, pues es una condición obligada para el pluralismo político y para los contrapesos democráticos.
Dra. Sughei Villa Sánchez, catedrática de la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac México
