El momento retrata a la 4T. Llevan meses protegiendo a Rocha Moya, al grado que hasta guardaespaldas le pusieron. Evita que María del Pilar renuncie, aún cuando el gobierno estadounidense bloqueó a la empresa de su marido (él mantenía 30 por ciento de acciones) y solo dos semanas antes la mismísima gobernadora de BC dejó de aparecer como socia. A todas voces se dice que su divorcio de Carlos Torres fue una simulación. Y, para colmo, mantienen el fuero a Inzunza desde el Senado de la República.
La Fiscalía General de la República de Ernestina Godoy entra al debate público a altísima velocidad. “Traición a la patria” es el argumento para girarle orden de aprehensión al ex fiscal de Chihuahua. Y es que la ideología pasa por encima de la lógica y de la obligatoriedad del Estado. A la ciudadanía, a la que el crimen organizado “tiene de rodillas”, le regalan discursos demagogos de “soberanía nacional”. Todo lo que diga Estados Unidos no lo escuchamos, aunque se caractericen por tener un sistema de justicia mucho más robusto que, incluso, contiene a Donald Trump, uno de los presidentes norteamericanos más polémicos de los últimos tiempos.
El penal del Altiplano se ha convertido en la “horca pública” de Morena. Así pasó con Rulfo. Hoy, César Jáuregui es “la nota”. Y está claro que la FGR se guardó algunas cartas, independientemente de la orden de aprehensión por traición a la patria. Y queda confirmado cuando el pasado lunes, en plena “mañanera”, la presidenta Sheinbaum afirmó que “Ernestina Godoy investiga a Jáuregui por otros delitos”.
Ha trascendido que Jáuregui habría pedido millones de pesos a empresarios chihuahuenses para no ser “atacados legalmente”, además de “vender” expedientes a las partes involucradas en diversos casos, así como adjudicársele ser dueño de casinos; todo, mientras fungía como Fiscal de Chihuahua. ¿A eso se refería la presidenta con “otros delitos”?
¿Podría resultar entonces que la 4T planeó “milimétricamente” la detención para que el PAN sufriera un golpe público por los “pecados” de Jáuregui, en el estado que se disputaba Andrea Chávez (léase Adán Augusto y Andrés Manuel López Obrador) con el actual coordinador estatal de Morena, Cruz Pérez Cuéllar?
La cacería de Morena empieza en Chihuahua. México y Estados Unidos observan con atención. ¿Y sus muertos y desaparecidos? ¿Y sus narcopolíticos? ¿Para cuándo la justicia? ¿Cuánto tiempo más pasará para ver a un pez gordo de Morena en la cárcel? Llevan dos personajes de la oposición y cero de la 4T, cuando la lista es larga y está escrita por los mismísimos gringos.
Se “calientan” las candidaturas a alcaldías… Una vez definidas las 17 “corcholatas” del oficialismo rumbo a las elecciones en igual número de gubernaturas en el país, comienzan ahora a “moverse” las fichas que deberán contender a las más de 2 mil 400 alcaldías que estarán en juego en los comicios de junio del 27 en todo el territorio nacional. Sin embargo, como ha sucedido a nivel estatal muchos inconformes buscan ahora, a cualquier costo, ser nominados por Morena aunque su lamentable pasado político los descalifique.
Ejemplo de ello es lo que ocurre en la alcaldía de Mérida que hoy gobierna la panista Cecilia Patrón Laviada y en donde Morena no encuentra a un verdadero oponente que pueda arrebatarle a la oposición la llamada”joya de la corona” yucateca. Ya probaron con el “chapulín” Rommel Pacheco, a quien los meridanos no olvidan por su traición al hoy senador panista Mauricio Vila. Luego buscaron “influencers” que tuvieran el arraigo suficiente para ganar pero simplemente nadie estuvo a la altura del reto. Ahora deciden ir con el ex secretario de Educación de Yucatán en tiempos del propio Vila Dosal, el hoy empresario “neomorenista” Liborio Vidal Aguilar, a quien los yucatecos ya apodan “el parásito yucateco” por hacer su fortuna personal a costa de la política desde que era militante del PRI en los 90, luego del PRD y Partido Verde en el dos mil, y del PAN, recientemente; el mismo caso del hoy gobernador “Huacho” Díaz Mena, pues.
El “amigo Libo”, como él mismo se presenta para “caer bien”, fue designado ya candidato de Morena a la alcaldía de Mérida por los líderes del oficialismo peninsular. Su “chapulineo” político lo hace impresentable y de poca confianza para el electorado meridano, por lo que se le augura una rotunda derrota el año próximo, sumado al desastroso desempeño del gobernador Díaz Mena al frente de un estado que ha perdido todo lo que había ganado en los últimos años.
