El sector financiero y de seguros mexicano enfrenta una doble transición, acelerar la adopción de inteligencia artificial y, al mismo tiempo, desarrollar mecanismos para gobernar sistemas capaces de operar con mayores niveles de autonomía. Ante este escenario, la pregunta para las instituciones comienza a cambiar. Ya no se trata únicamente de cuánta IA utilizan, sino de qué puede hacer esa tecnología dentro de la organización, con qué permisos opera y bajo qué controles.
Así lo señaló Alicia Trejo, Gerente de Cyberlegal de IQSEC, al analizar los resultados de México Inteligente: La IA y la oportunidad de un sistema financiero y de seguros más confiable e incluyente, del Centro México Digital (CMD), elaborado con datos del Censo Económico 2024 del INEGI.
Adopción Desigual y Brecha Sectorial
El estudio reporta que solo 8.4% de las empresas del sector financiero con 10 o más empleados utiliza sistemas de inteligencia artificial, apenas por encima del promedio nacional de 8.0%, lejos de los líderes internacionales como EE.UU. 30.4%, Países Bajos 37.4%, y Corea del Sur 63.3 por ciento.
La oportunidad económica, sin embargo, es relevante. De acuerdo con el CMD, por cada 10 puntos porcentuales adicionales de empresas que utilizan IA en el sector, la producción por empresa aumenta 28.4 por ciento y los salarios 4.7%.
Barreras y Gobernanza de Datos
El análisis del CMD identifica barreras relacionadas con la estrategia sectorial, el entorno regulatorio, las capacidades técnicas y el talento, la disponibilidad de datos y el aprovechamiento de una infraestructura digital que todavía no se traduce plenamente en adopción tecnológica.
Para IQSEC, estos elementos muestran que el desafío no depende exclusivamente de la disponibilidad tecnológica. La gobernanza de datos, el talento especializado, la claridad de responsabilidades y los mecanismos de control serán determinantes para definir cómo y hasta dónde puede escalar la IA dentro de las instituciones financieras.
Autonomía y Confianza Digital
A esta brecha de adopción se suma un nuevo desafío: la evolución hacia sistemas de inteligencia artificial capaces de ejecutar determinadas acciones con mayores niveles de autonomía operativa.
Desde la perspectiva de IQSEC, este escenario exige trasladar principios ya conocidos de seguridad —como mínimo privilegio, segregación de funciones, gestión de identidades, trazabilidad y supervisión— hacia entornos donde las acciones también pueden ser realizadas por sistemas inteligentes.
